sábado, septiembre 22, 2012

La Inquisición contra el absolutismo.


La Inquisición vela por la ortodoxia católica. Lo primero, pues, es preguntarse si la ortodoxia es deseable. Desde el punto de vista del individuo, naturalmente cualquier católico debería responder que sí: la Iglesia hasta hoy sigue manteniendo la ortodoxia y definiendo las herejías que aparecen, gobernando a los fieles mediante sus pastores. Pero los Estados anticristianos ya no reconocen eficacia a los medios que tiene la Iglesia ―el Derecho canónico― para llevar a cabo esta tarea, y mucho menos dejan que la ortodoxia inspire su legislación. Ésta se queda, como mucho, en una recomendación: o la tomas o la dejas.

Pero., ¿tiene la ortodoxia alguna ventaja, aparte de lo relativo a la salvación individual, que beneficie a todos y justifique un lugar en la vida pública? Que la ortodoxia católica presida las instituciones políticas; ¿es algo objetivamente bueno, incluso para el no creyente?


Decía G.K. Chesterton: 

“La idea del nacimiento a través de un Espíritu Santo, de la muerte de un ser divino, del perdón de los pecados, del cumplimiento de las profecías, son ideas que, cualquiera puede verlo, no necesitan más que un toque para convertirlas en algo blasfemo o feroz. [...] El menor error introducido en la doctrina causaría inmensos trastornos en la felicidad humana. Una frase mal redactada sobre la naturaleza del simbolismo habría destruido las mejores estatuas de Europa. Un desliz en las definiciones y se detendrían todas las danzas, se marchitarían todos los árboles de Navidad y se romperían todos los huevos de Pascua.”

La herejía tiene sus consecuencias. El conocimiento de las cosas tiene repercusión en los actos del hombre. Las ideologías, los "ismos" de los siglos XIX y XX -producto obvio y claro del Liberalismo Mason- cuando llevaban a cabo sus terribles proyectos sociales y políticos no estaban sino desarrollando la particular visión del hombre y su naturaleza que les aportaban sus respectivas "filosofías". La mas terrible de todas era la idea del Soberano Absoluto (Absolutismo) versus el Derecho Foral (Libertad Social) surgida de las tesis mas terribles del liberalismo.


Cuenta Antonio Pérez, que estando Felipe II en la iglesia de San Jerónimo de Madrid, un orador dijo queriendo adularle, que "el rey era absoluto". Siendo el absolutismo un producto perverso del protestantismo, el auditorio se escandalizó, y fray Fernando del Castillo, del Santo Oficio tomó cartas en el asunto juzgando que tal afirmación era una barbaridad, pues la Iglesia era firme defensora del derecho foral. La "terrible condena inquisitorial" fue ni más ni menos que obligar al adulador a retractarse de dicha afirmación en el mismo púlpito.

El absolutismo teórico -sus alegatos y apologías mejor articuladas- se configuran en Inglaterra con Thomas Hobbes y el menos conocido Sir Robert Filmer. Será Filmer el que establezca la analogía entre el Rey y el Patriarca en su obra titulada Patriarcha, or the Natural Power of Kings. Con la comparación que traza Filmer entre rey y patriarca, este autor se revelaba como un firme partidario del poder monárquico en su sentido patrimonialista: lo mismo que el clan es una posesión de su patriarca y éste sobre su parentela ejerce un poder absoluto, así se supone que el Rey tendría derecho de comportarse con sus súbditos y su reino. Es interesante advertir que John Locke construyó todo el edificio de su filosofía política contra la filosofía patriarcalista filmeriana.


Frente a tales errores filosóficos surgió la figura de Juan de Mariana de la Compañía de Jesús, para pulverizar cualquier tentación absolutista; pues, fiel al sentido tradicional, la mejor Monarquía Hispánica nunca fue absolutista (a menos que se quiera abusar del término "absolutista" para enturbiar demagógicamente la realidad histórica) y mucho menso liberal.

La idea de un rey que no es un dios ni divino, un rey limitado por la naturaleza de las cosas, limitado por el derecho natural y la justicia, limitado por las tradiciones y libertades establecidos por los pueblos: ese es el rey de la monarquía tradicional ibérica, ese es el rey portugués, ese es el rey de Las Españas. Ese es un rey que se adecuará a las idiosincrasias locales, posibilitando un Imperio en que conviven culturas de todo el mundo. Se trata de un régimen político radicalmente distinto tanto del absolutismo cuanto del liberalismo, se trata del régimen político que organiza la hispanidad.

Con un poco de labor preventiva, la Inquisición aseguró una España unida en la que no entraría el fratricidio masivo que caracterizó a la Europa protestante y así se mantuvo hasta la invasión militar e ideológica de Napoleón, que sembró una semilla de discordia que todavía padecemos después de dos siglos y numerosas guerras civiles, todas ellas directamente imputables a esta nueva cuña revolucionaria en la unidad católica.


La Inquisición, defendiendo la ortodoxia, evito el absolutismo que abrazaron los príncipes europeos a quienes Lutero brindó la oportunidad de convertirse en la suprema autoridad religiosa de su reino. Y la Inquisición, de propina, salvó almas: algo que tienden a ignorar los "caritativos" católicos que olvidan la mayor caridad de todas. Cuando recordamos a los malcontents o agraviados que en 1827 se rebelaron en Cataluña contra el "despotismo ministerial" al grito de "¡Viva la Inquisición y muera la policía!".

¿Qué fue entonces lo que ocurrió? Muy sencillo. En una Europa conmocionada por la tragedia que trajo consigo la Revolución francesa que Napoleón se encargó de extender, los monárquicos europeos se agarraron a la doctrina absolutista, como quien se agarra a un clavo ardiendo. Tampoco era algo novedoso: la tentación del absolutismo planeó siempre sobre todas las monarquías europeas (podríamos remontarnos al conflicto entre Imperio y papado), pero la Iglesia Católica atemperó esa perniciosa tendencia.


La decadencia era total. la nuevas ideas ilustradas eran la amenaza más próxima y debían ser combatidas. Las principales figuras de la Ilustración Española fueron partidarias de la abolición de la Inquisición. Muchos de los ilustrados españoles fueron procesados por el Santo Oficio, entre ellos Olavide, Iriarte y Jovellanos. Éste último elevó un informe a Carlos IV en el que señalaba la ineficacia de los tribunales inquisitoriales.

La lucha contra la Inquisición en el interior se produjo casi siempre de forma clandestina. Los primeros textos que cuestionaron el papel inquisitorial y alababan los ideales masónicos y liberales. La Inquisición tenia los días contados.
  
Continuara…

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Bibliografía.

Inquisición: Historia Critica. R. García Cárcel y D. Moreno.
La Inquisición Española. Henry Kamen.
Inquisición sobre la Inquisición. y La Inquisición. Las diez sorpresas. Alfredo Junco.
La leyenda negra y la verdad histórica: contribución al estudio del concepto de España en Europa. Julián Juderías y Loyot.
Proceso contradictorio a la Inquisición española. Jean Dumont.
Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo.

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