domingo, julio 21, 2013

Reflexión sobre Benedicto XVI




A continuación publico aquí en el este breve articulo que me manda mi buen amigo y colega apologista y tocayo el Doctor Jorge Rodríguez Reyna.

  

Querido Benedicto:

Te he visto en estos días, retratado en algunas fotos y videos, participando en la bendición de una estatua a San Miguel Arcángel, en uno de los jardines vaticanos. He visto tu llegada, la aclamación del público, tu paso lento, tu silencio, tu abrazo con Francisco. Te he visto sentado en una silla similar a la que usó Francisco en aquel día, en esa ceremonia.

Pero si hay algo que he visto y ha emocionado mi corazón, algo que me ha robado un par de lágrimas, ha sido cuando al final de la ceremonia Francisco da la bendición apostólica. Te vi con la cabeza inclinada recibiendo la bendición de aquél que ahora es el Sumo Pontífice. Y te digo que me emocioné, porque pude contemplar tu enorme humildad. Porque supe y sentí – se veía – la gran humildad con la que recibías ahora tú la bendición que anteriormente te correspondía otorgar a ti. Me emocioné porque me dolieron entonces tantas voces que ahora dicen que tú no fuiste humilde, que dicen que eras soberbio. Me emocioné porque pensaba que si te vieran ahora inclinando la cerviz y persignándote cuando recibías la bendición de Francisco, podrían vislumbrar tu humilde y sencillo corazón.

Hasta hace unos meses recibías toda la atención en el Vaticano, en la Iglesia Universal, pero por tu infinita humildad fuiste capaz de renunciar a todo ello, te quisiste hacer uno más, como uno de nosotros. Hasta hace unos meses, todos inclinábamos la cabeza para recibir tu bendición. Ahora tú la inclinas para recibirla del sucesor de Pedro. Aunque eso no es novedad para ti, porque siempre fuiste humilde, siempre fuiste callado, reservado, poco amigo del espectáculo, de la portada de diario. Por eso te costaba ser el centro de atención, por eso te costó que te sacaran de tu ascetismo espiritual, al cual has vuelto ahora.

Gracias, Benedicto, muchas gracias. Gracias porque con tu silencio y con tu frente inclinada me sigues enseñando la humildad, la sencillez y el amor a Dios. Sí, porque hay que tener un gran amor a Dios para renunciar a todo para sólo tenerle a Él. Hay que amar mucho al Señor para mostrar esa humildad que sigues mostrando. Hay que tener mucho amor a Jesús, para seguir amando a su Iglesia y a quien ahora es el sucesor de Pedro. Gracias, Benedicto. Simplemente: ¡Gracias!.

Que Dios te bendiga.

3 comentarios:

jose manuel dijo...

por qué no permite comentarios?

Veni Domine Iesu dijo...

Si permito comentarios.

Dios te bendiga

Javier Muñoz Pellín dijo...

Sí que es humildad grande dejarse bendecir por Francisco.