miércoles, mayo 04, 2011

Un hermano protestante pregunta sobre la beatificación.



¿Por qué hacen santas a algunas personas?

Mas bien la pregunta seria; ¿Cómo llega una persona a ser reconocida como santa según el catolicismo?

Una persona llega a ser reconocida santa al ser canonizada. La canonización es una declaración del Papa que dice que la persona que murió una vez de haber pasado por los pasos previos (siervo de Dios, venerable, beato), esta ahora con Dios, y merece ser reconocido universalmente como modelo de fe, y en adelante merece que los fieles le rindan honor de dulía, por su heroísmo en las virtudes cristianas, o por haber sido martirizado y muerto por defender estos mismos principios. (La Iglesia considera santos a todas las personas que están en el Cielo, aunque no estén en el canon oficial de los santos que tiene la Iglesia, y aunque no sean católicos).

¿De quién surgió esa idea?

Surgió de la Iglesia, pero eso no significa que sea una practica absurda y sin sentido, o que atente contra la ortodoxia cristiana o contra la Biblia. Por eso esto no nos interesa tener exactamente la fecha, y por quien, ya que el hecho de reconocer a una persona públicamente como héroe en la santidad, data dese los inicios del cristianismo. Ya a principios del siglo tercero encontramos mas evidencia histórica de cómo se veneraba la memoria de los santos. Es por eso que el proceso riguroso de canonización que se usa hoy no se uso siempre, los pasos y procesos actuales se encuentran en el decreto de la canonización promulgado por Pablo VI en 1969.

¿Quién tiene la autoridad necesaria y suficiente para decidir que alguien es bueno hasta ese grado? Porque nadie conoce el corazón de nadie como para asegurar ese grado de bondad...

El Concilios Vaticano II examina las razones tradicionales cuando dice:

50. …Siempre creyó la Iglesia que los Apóstoles y mártires de Cristo, por haber dado el supremo testimonio de fe y de caridad con el derramamiento de su sangre, nos están más íntimamente unidos en Cristo; les profesó especial veneración junto con la Bienaventurada Virgen y los santos ángeles [153] e imploró piadosamente el auxilio de su intercesión. A éstos pronto fueron agregados también quienes habían imitado más de cerca la virginidad y pobreza de Cristo [154] y, finalmente, todos los demás, cuyo preclaro ejercicio de virtudes cristianas [155] y cuyos carismas divinos los hacían recomendables a la piadosa devoción e imitación de los fieles [156].

Mirando la vida de quienes siguieron fielmente a Cristo, nuevos motivos nos impulsan a buscar la ciudad futura (cf. Hb 13, 14 y 11, 10) y al mismo tiempo aprendemos el camino más seguro por el que, entre las vicisitudes mundanas, podremos llegar a la perfecta unión con Cristo o santidad, según el estado y condición de cada uno [157]. En la vida de aquellos que, siendo hombres como nosotros, se transforman con mayor perfección en imagen de Cristo (cf. 2 Co 3,18), Dios manifiesta al vivo ante los hombres su presencia y su rostro. En ellos El mismo nos habla y nos ofrece un signo de su reino [158], hacia el cual somos atraídos poderosamente con tan gran nube de testigos que nos envuelve (cf. Hb 12, 1) y con tan gran testimonio de la verdad del Evangelio.

Veneramos la memoria de los santos del cielo por su ejemplaridad, pero más aún con el fin de que la unión de toda la Iglesia en el Espíritu se vigorice por el ejercicio de la caridad fraterna (cf. Ef 4, 1-6). Porque así como la comunión cristiana entre los viadores nos acerca más a Cristo, así el consorcio con los santos nos une a Cristo, de quien, como de Fuente y Cabeza, dimana toda la gracia y la vida del mismo Pueblo de Dios [159]. Es, por tanto, sumamente conveniente que amemos a «¡tos amigos y coherederos de Cristo, hermanos también y eximios bienhechores nuestros; que rindamos a Dios las gracias que le debemos por ellos [160]; que «los invoquemos humildemente y que, para impetrar de Dios beneficios por medio de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor, que es el único Redentor y Salvador nuestro, acudamos a sus oraciones, protección y socorro» [161]. Todo genuino testimonio de amor que ofrezcamos a los bienaventurados se dirige, por su propia naturaleza, a Cristo y termina en El, que es «la corona de todos los santos» [162], y por El va a Dios, que es admirable en sus santos y en ellos es glorificado [163]. (La Iglesia).

¿Y por qué tiene que depender de los milagros que haga? Si hace uno, no es santo. Si hace dos, sí...¿Quién ha decidido la cantidad de milagros que avalan la santidad?

Lo primero que tenemos que saber es que los santos no obran milagros por si mismos, quien obra el milagro en este caso es Dios, como testimonial de que esta persona ya esta en el Cielo. Un beato ya es santo, pero puesto que la beatificación los beatos son venerados públicamente, pero solo por la iglesia local, y no se incluyen en el calendario romano, con el segundo milagro se proponen a toda la Iglesia.

¿Por qué para unos necesitan siglos y a otros los hacen santos en pocos años?

Lo que pasa es que el estudio de cada candidato a los altares es un proceso largo y muy exhaustivo, sin margen a un error. Por eso sa iglesia prefiere demorar y estudiar bien cada caso que beatificar a alguien sin merecerlo, o basándose en documentos o datos erróneos. Este proceso largo sin embardo cambia si la persona ha sido reconocida mártir.

¿Cuestión de dinero y del prestigio que le rodea?

No, el dinero no entra aquí, porque la santidad no se compra, se gana, y entonces si la Iglesia estaría equivocada en proponer modelos de prosperidad, y no de entrega. Por eso si tienes la oportunidad de leer la vida de los santos veras que por el contrario los que tenían fortunas y prestigio lo abandonaron por seguir a Cristo, y esto es lo que se fijan los que postulan a un candidato para ser reconocido oficialmente por la Iglesia.

Que Dios te bendiga.

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