lunes, marzo 01, 2010

La cuaresma.


Con la llegada de la cuaresma, inicia nuevamente nuestro comino a la conversión, donde acompañamos a nuestro Señor Jesucristo estos cuarenta días previos a su ministerio prefigura del retiro de 40 días de Moisés en el desierto. También simbolizan los 40 días que duró el diluvio, además de los 40 años de la marcha del pueblo Judío por el desierto y los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto. 

A lo largo de este tiempo, los católicos estamos llamados a reforzar nuestra fe mediante diversos actos de penitencia y reflexión. La Cuaresma tiene cinco domingos más el Domingo de la Pasión o de Ramos (seis en total), en cuyas lecturas los temas de la conversión, el pecado, la penitencia y el perdón, son dominantes. No es un tiempo triste, sino más bien meditativo y recogido. Por eso, en la Misa católica no se canta el “Gloria” al final del acto penitencial (excepto el Jueves Santo en la misa de la Cena del Señor), ni el “Aleluya” antes del Evangelio. El color litúrgico asociado a este periodo es el morado que significa discreción, penitencia y dolor.

En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios. 

Sin embargo no todos los hermanos católicos aprovechan este tiempo de reflexión para reconciliarse con Dios, con la Iglesia y consigo mismo y con su prójimo, sino que este tiempo es propicio para una vasta mayoría para vacacionar y viajar, aunque esto no sea en si malo, pero si la cuaresma es solo con miras a estos fines, se omite por completo su verdadero significado que como católicos estamos llamados a reconocer y a ponen en practica nuestras diversos actos de piedad y penitencia como nos marca la madre Iglesia.

En nuestros días también la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo. Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una "terapia" para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios. 

El ayuno consiste en hacer una sola comida fuerte al día. La abstinencia consiste en no comer carne. Son días de abstinencia y ayuno el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. La abstinencia obliga a partir de los catorce años y el ayuno de los dieciocho hasta los cincuenta y nueve años de edad. Con estos sacrificios, se trata de que todo nuestro ser (espíritu, alma y cuerpo) participe en un acto donde reconozca la necesidad de hacer obras con las que reparemos el daño ocasionado con nuestros pecados y para el bien de la Iglesia.

"Cuando ustedes ayunen no pongan cara triste, como los hipócritas, que aparentan tristeza para que la gente vea que están ayunando. Les aseguro que con eso ya tienen su premio. Tu cuando ayunes, lávate la cara y arréglate bien, para que la gente no note que estás ayunando. Solamente lo notará tu Padre que está en lo secreto, y tu Padre que está en lo secreto te dará tu recompensa." Mateo 6:16-18.

La mortificación de nuestra carne corrupta es el primer y más grande de los propósitos de Dios cuando nos lleva a un tiempo de ayuno. La palabra mortificar significa matar, destruir, castigar, humillar, controlar. Dios nos guía a ayunar porque sabe que esta es la forma de humillar la carne y traerla bajo el control del hombre espiritual. Tenemos que ayunar si queremos alcanzar la madurez espiritual en Jesucristo, y tener la capacidad de ayudar a otros, como en el caso del lunático que fue llevado a los discípulos.

Aun divagan por mi mente aquellas épocas pasadas cuando aun mi escaza fe me impedía ver todo estas realidades de la cuaresma y su verdadero sentido, los paseos, la comida, los amigos, las fiestas, en fin, eran el distintivo para mí en la cuaresma. Claro, no digo que hoy soy un campeón de la piedad, pero el aprendizaje durante estos últimos años me ha llevado a valorar más y más cada tiempo litúrgico.

Claro que en esta época no solo se distorsiona el la época cuaresmal en los corazones de muchos fieles, también es una época propicia para la venta y el consumo, la cual se presta para todo tipo de abusos de parte de comerciantes de pescados y mariscos que suelen duplicar el precio de los productos del mar en esta temporada, y no solo en la gastronomía, sino en el transporte y en la compra y venta de los artículos de este tiempo litúrgico.

Por otro lado la semana constituye una veta monetaria importante para muchos Países cual representa para muchos turistas una buena ocasión para desconectarse por pocos días de la rutina cotidiana. Y el turismo ayuda con ese propósito al crecimiento económico y cultural en Países como Argentina, Uruguay México y Brasil. Las islas baleares también se llevan una suculenta tajada, sus instalaciones ofrecen todo tipo de servicios a precios de escándalo.





Norogachi, Chihuahua. En la culminación de los festejos de Semana Santa en la sierra Tarahumara, el Judas mestizo arde entre las llamas, ha sido humillado por los pintos, apedreado por los pascolas y atravesado por las lanzas de los matachines, se le dio muerte en la hoguera a esta representación del chabochi un hombre blanco, "para sacar al malo que todos los rarámuris traemos dentro", y al ritmo acompasado del tambor y la flauta se danzó desde el Jueves Santo por más de 48 horas, de manera casi continua, bajo los rayos del sol calcínate y a la luz de la luna llena en las frías noches serranas. La larga "batalla del bien contra el mal" comienza desde el ocaso del miércoles, cuando se encienden fogatas en la punta de los cerros que rodean a Norogachi.







Que esta cuaresma nos ayude a alimentar y crecer en el espíritu, y no nada mas alimentar y crecer la pancita.

Dios te bendiga.

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