viernes, noviembre 06, 2009

La Iglesia y la Santidad. S. Fco de Sales

San Fransico de Sales, Carta abierta a los protestantes.


Quinta seccion.




La Iglesia y la Santidad.

La Iglesia de Nuestro Senor es santa; es un articulo de fe. Nuestro Senor se sacrifico por ella para santificarla (Ep 5,25-26); es un pueblo santo, dice San Pedro (1P 2,9). El Esposo es santo y la Esposa es santa; es santa estando dedicada a Dios, como los primogénitos en la antigua sinagoga eran llamados santos por eso solo (Ex 13,2 Lc 2,23). Ella es santa también porque es santo el Espiritu Santo que la vivifica (Jn 6,24 Rm 8,11), y porque es el cuerpo mistico de un Jefe que es santisimo (Ep 1,22-23). También lo es porque todas sus acciones interiores y exteriores son santas; no cree, ni espera ni ama nada sino santamente; en sus oraciones, predicaciones, sacramentos, sacrificios es santa. Pero esta Iglesia posee su santidad interior, segun la expresión de David: en el interior esta la principal gloria de la hija del Rey (Ps 44,14); también su santidad exterior: Con vestidos de oro recamado (Ps 44,15).

La santidad interior no puede verse; la exterior no puede servir de senal, ya que todas las sectas dicen poseerla, y es verdaderamente dificil reconocer la verdadera oración, predicación, y administración de los sacramentos. Pero ademas de todo eso, hay otras senales por las cuales Dios hace reconocer su Iglesia, que son como el perfume y los olores, como dice el Esposo del Cantar de los Cantares (Ct 4,11): Es el olor de tus vestidos como incienso; de esta forma podemos, siguiendo los olores y perfumes (Ct 1,3), buscar y encontrar la verdadera Iglesia y el lugar de la cria del unicornio (cf. Ps 27,6).


La verdadera Iglesia debe resplandecer por sus milagros.

Iglesia, pues, tiene leche y miel debajo de su lengua (Ct 4,11), en su corazón, que es la santidad interior, que no podemos ver; esta ricamente adornada con vestidos en oro recamado (Ps 45,14), que es la santidad exterior, que puede verse. Empero, visto que las sectas y herejias adornan sus vestidos de la misma manera sobre un tejido falso, ella, ademas de eso, tiene perfumes y olores propios, y también ciertos signos y brillos de santidad que le son tan genuinos que ninguna otra asamblea puede gloriarse, de manera particular en nuestros tiempos: porque, en primer lugar, resplandece en milagros, que son perfumes y suaves olores, signos especificos de la presencia de Dios inmortal; tales los designa San Agustin (Confesiones, libro 9, cap. 7). Y, de hecho, cuando Nuestro Senor dejo este mundo, prometio que la Iglesia estaria acompanada de milagros: A los que creyeron, acompanaran estos milagros: en mi nombre lanzaran los demonios, hablaran nuevas lenguas, manosearan las serpientes; y si algun veneno bebieren, no les hara dano; pondran las manos sobre los enfermos, y quedaran éstos curados (Mc 16,17-18).

Analicemos de cerca estas palabras: 1) No dice que solo los Apostoles harian estos milagros, sino los que creyeron; 2) No dice que todos los creyentes en particular haran milagros, sino que los que creyeron seran acompanados por esas senales; 3) El no dice que eso fue solamente por diez anos o veinte, sino que esos milagros acompanaran a los creyentes. Nuestro Senor habla solo de los Apostoles, pero no solo para los Apostoles; habla del cuerpo de creyentes en general, o sea, habla de la Iglesia; él habla absolutamente, sin distinción de tiempos. Demos, pues, a estas palabras la extensión que Nuestro Senor quiso darles. Los creyentes estan en la Iglesia, los creyentes son acompanados por milagros; luego, en la Iglesia tienen que darse milagros en todos los tiempos.

Veamos ahora por qué razon el poder de los milagros fue legado a la Iglesia: sin duda, fue para confirmar la predicación evangélica; San Marcos lo atesta, y San Pablo (He 2,4), que afirma que Dios dio testimonio de la fe que anunciaba por milagros. Dios puso estos instrumentos en las manos de Moisés para que se le creyera (Ex 4), de donde Nuestro Senor dice que, si él no hubiese hecho milagros, los judios no estarian obligados a creerle (Jn 15,24). Ahora bien, ¿no debe la Iglesia combatir siempre la infidelidad? ¿Por qué entonces queréis retirarle este buen baston que Dios puso en sus manos? Sé bien que ella no tiene de él tanta necesidad como al principio; desde que este santo arbol de la fe crio buenas raices, no se debe regar con tanta frecuencia, pero también es filosofar bastante mal quitarle totalmente el efecto cuando permanecen en buena parte la necesidad y la causa. Por otro lado, mostradme alguna época en la cual la Iglesia visible haya estado sin milagros, desde que comenzo hasta hoy.

En los tiempos de los Apostoles hiciéronse infinitos milagros, bien lo sabéis; después, ¿quién no conoce el milagro relatado por Marco Aurelio Antonino, hecho por las oraciones de la legion de soldados cristianos que estaban en su ejército, que por eso recibio el sobrenombre de "Fulminante"? ¿Quién no conoce los milagros de San Gregorio Taumaturgo, San Martin, San Antonio, San Nicolas, San Hilario, y las maravillas que ocurrieron en tiempos de Teodosio y Constantino? Todo esto esta relatado por autores irreprensibles: Eusebio, Rufino, San Jeronimo, Basilio, Sulpicio, Atanasio. ¿Quién no sabe lo que ocurrio con la Invención de la Santa Cruz, en tiempos de Juliano el Apostata? En tiempos de San Juan Crisostomo, Ambrosio, Agustin, viéronse muchos milagros que ellos mismos nos relatan. ¿Por qué queréis entonces que, siendo la Iglesia la misma, deje ahora de hacer milagros? ¿Qué razones habria para eso? En efecto, aquello que siempre hemos visto, en todas las épocas, acompanar a la Iglesia, no podemos designarlo sino por el nombre de Propiedad de la Iglesia; la verdadera Iglesia hace resplandecer su santidad en los milagros.

Porque, si Dios se torno tan admirable en su propiciatorio, en su Sinai, y en su la zarza ardiente, porque alli quiso hablar a los hombres, ¿por qué no haria milagrosa su Iglesia, en la cual quiere permanecer para siempre?


La Iglesia Catolica esta acompanada de milagros, y la pretendida no.

Desearia ahora que os mostraseis razonables, sin trapisondas ni pertinacia. Informaciones recogidas debida y auténticamente relatan que, en los comienzos de este siglo, San Francisco de Paula florecio en indudables milagros, como el de la resurrección de los muertos; otro tanto se refiere de San Diego de Alcala. No se trata de rumores inciertos, sino de pruebas ciertas e informaciones veridicas. ¿Acaso negariais la aparición de la cruz hecha al valiente y catolico capitan Albuquerque y a toda su gente en la isla de Cormoran, que tantos historiadores relatan (vide Maffaeum, Hist. Ind.., lib. 5)y en la cual tanta gente tomo parte? El devoto Gaspar Barzia curaba enfermos en la India unicamente rezando a Dios por ellos en la Misa, y tan repentinamente, que solo podia hacerlo la mano de Dios. San Francisco Javier curo paraliticos, sordos, mudos, ciegos; resucito un muerto, y su cuerpo, a pesar de haber sido enterrado con cal, no se corrompio, como atestan los que lo vieron entero quince meses después de su muerte (Maff. lib. 15); estos dos ultimos murieron solamente hace cuarenta y cinco anos. En Meliapor se encontro una cruz, grabada en piedra, que se cree haber sido enterrada por los cristianos del tiempo de Santo Tomas; cosa admirable, y no menos verdadera, es que casi todos los anos, cerca de la fiesta de este glorioso Apostol, esta cruz suda sangre abundantemente, o un liquido parecido a la sangre, y muda de color, haciéndose blanca palida, después negra, y a veces de un azul resplandeciente y muy agradable, retomando finalmente su color natural.

Esto lo ve todo el pueblo, y el obispo de Cochin envio una atestación publica, con la imagen de la cruz, al santo Concilio de Trento (Maff. lib. 2). De esta manera se producen milagros en la India, donde la fe no esta afirmada del todo aun; debido a la brevedad que aquí se impone, dejo de mencionar un sin fin de casos semejantes. El buen padre Luis de Granada, en su Introducción al Simbolo, refiere varios casos recientes e innegables.

Entre varios otros, relata la cura que los reyes catolicos de Francia hicieron en nuestros dias de la escrofula, enfermedad incurable, no diciendo mas que estas palabras: "Dios te cura, el Rey te toca", ni empleando otra disposición sino la de confesarse y comulgar en ese ida. He leido la historia de la cura milagrosa de Jacques, hijo de Claude André, de Belmont, en la aldea de Baulne, en la Borgona: habia quedado durante ocho anos mudo e impotente; después de haber hecho sus devociones en la iglesia de San Claudio en el dia de su fiesta, el 8 de junio de 1588, se vio curado y sano de inmediato. ¿No llamais a esto un milagro? Hablo de cosas proximas: he leido el acta publicada, he hablado con el notario Vion, que la redacto y firmo debidamente; no faltaron testigos, pues habia gente a miles.

¿Pero por qué me entretengo en mostraros solamente los milagros del nuestro siglo? ¿San Malaquias, San Bernardo y San Francisco no eran de nuestra Iglesia? No podréis negarlo; quienes escribieron sus vidas fueron doctos y santos, ya que San Bernardo escribio la de San Malaquias, y San Buenaventura la de San Francisco, y a ninguno de ambos falto suficiencia ni conciencia, y, aun asi, relatan muchos y grandes milagros; pero, sobre todo, las maravillas que ocurren ahora a nuestra puerta, a la vista de nuestros principes y de toda la Saboya, cerca de Mondovi, deberian cerrar las puertas a todas las pertinacias. ¿Qué decis de todo esto? ¿Que estos son los milagros que haria el Anticristo? San Pablo afirma que seran falsos (2Th 2,9). El mayor que San Juan refiera (Ap 13,13) sera hacer caer fuego del cielo.

Satanas puede hacer tales milagros, y los hizo, sin duda, pero Dios dara pronto remedio a su Iglesia, porque a estos milagros, los siervos de Dios Elias y Enoc, como relatan el Apocalipsis (Ap 11,5-6)y los intérpretes, opondran otros milagros de mayor poder, porque no solamente se serviran del fuego para castigar milagrosamente a sus enemigos, sino también tendran el poder de cerrar el cielo a fin de que no llueva ni una gota, mudar y convertir las aguas en sangre, y enviar a la tierra el castigo que mejor les parezca; tres dias y medio después de su muerte, resucitaran y subiran al cielo, y la tierra temblara con su ascension. Entonces, por la oposición de los verdaderos milagros, las ilusiones del Anticristo seran descubiertas y, de la misma manera que Moisés hizo finalmente confesar a los magos del Faraon: Digitus Dei est hic (Ex 8,19), asi Elias y Enoc haran también que sus enemigos dent gloriam Deo caeli (Ap 11,13). Elias hara con los profetas lo que en otros tiempos hizo para castigar la impiedad de los Baalitas y demas religiones (1S 18). Quiero decir entonces:

1) que los milagros del Anticristo no son como los que hacemos en la Iglesia, y, consecuentemente, no se deduce que, si aquellos no son caracteristicos de la Iglesia, tampoco lo sean estos; aquellos seran demostrados falsos y combatidos por otros mayores y solidos, estos son solidos y nadie podra oponer otros mayores.

2) Los milagros del Anticristo no seran nada mas que un fogaril de tres anos y medio de duración, mientras que los milagros de la Iglesia le son de tal manera propios que desde que fue fundada siempre resplandecio por sus milagros; los milagros del Anticristo seran forzados y no duraran, mientras que los de la Iglesia son naturales, debido a su naturaleza sobrenatural, y, por consiguiente, los hace siempre y siempre los hara, para verificar las palabras evangélicas: A los que creyeron, acompanaran estos milagros (Mc 16,17). Me diréis que los Donatistas -segun refiere San Agustin- hicieron milagros; tratabase, empero, solo de algunas visiones y revelaciones, de las cuales se vanagloriaban sin testimonio alguno. Ciertamente, a partir de tales visiones particulares no puede probarse que la Iglesia es verdadera; al contrario, unicamente por el testimonio de la Iglesia, como dice el mismo San Agustin, puede probarse o suponerse que tales visiones particulares son verdaderas.

Porque si Vespasiano curo a un ciego y a un cojo, los propios médicos, segun Tacito (Hist., lib. 4 §81), descubrieron que la ceguera y minusvalidez no eran incurables; no es, pues, portento alguno si el diablo los supo curar. Socrates (Lib. 7 cap. 17) refiere que un judio que habia sido bautizado se presento a Pablo, obispo Novaciano, para ser rebautizado; subitamente, las aguas de la fuente desaparecieron. Esta maravilla no se hizo para confirmar el Novacianismo, pero si el santo Bautismo, que no debia reiterarse. Asi, dice San Agustin: "Algunas maravillas se produjeron entre los paganos" (De Civ. Dei, lib. 10, cap. 15); no para probar el paganismo, sino la inocencia, la virginidad y la fidelidad, que dondequiera que se encuentren, son amadas y apreciadas por su autor. Por otro lado, estas maravillas ocurrieron solo ocurrieron rara vez, por lo cual no se puede sacar ninguna conclusion; a veces, las nubes echan resplandores, pero solo el sol tiene por marca y propiedad el iluminar.

Dejemos clara esta afirmacion: la Iglesia siempre estuvo acompanada de milagros solidos y bien probados, como los de su Esposo, luego es la verdadera Iglesia; porque, sirviéndome, en caso semejante, de las razones del buen Nicodemo, diria: Nulla societas potest haec signa facere quae haec facit, tam illustria aut tam constanter, nisi Dominus fuerit cum illa (Jn 3,2); y, como decia Nuestro Senor a los discipulos de San Juan: Dicite, caeci vident, claudi ambulant, surdi audiunt (Mt 11,4-5 Lc 7,22), para demostrar que él era el Mesias, de la misma forma debemos concluir, sabiendo que en la Iglesia se hacen milagros tan grandes, que vere Dominus est in loco (Gn 28,16). Pero en cuanto a vuestra pretendida iglesia, solo sabria decirle esto: si potes credere, omnia possibilia sunt credenti (Mc 9,22): si fuese la verdadera Iglesia, estaria acompanada de milagros. Me diréis que no es vuestro oficio el hacer milagros ni expulsar demonios; en cierta ocasión se salio mal uno de vuestros grandes maestros, que quiso mezclarse en estos oficios, como relata Bolsec (In vita Calvini, cap. 13). Illi de mortuis vivos suscitabant -decia Tertuliano (De Praes., cap. 30)- isti de vivis mortuos faciunt. Corre el rumor de que uno de lo vuestros curo una vez a un endemoniado, sin embargo, no dicen donde, ni cuando, ni como, ni quién era la persona curada, ni quiénes fueron los testigos.

Es normal que se engane en su primer intento el aprendiz de un oficio; con frecuencia hacen correr ciertos rumores entre vosotros para tener en vilo al pueblo simple, pero ya que no tienen autor, tampoco deben tener autoridad; ademas de que en la expulsión del diablo no hay que mirar tanto al hecho, sino considerar antes la manera y forma de hacerlo: si es por legitimas oraciones e invocaciones del nombre de Jesucristo. Una golondrina no hace la primavera: la perpetua y ordinaria manifestación de los milagros es lo que constituye senal distintiva de la verdadera Iglesia, y no mero accidente; pero seria pelear contra el viento y contra las sombras querer refutar estos rumores tan débiles y fragiles, que nadie sabe de donde vinieron. Toda la respuesta que he encontrado entre vosotros en esta extrema necesidad es que se os hace injusticia pidiéndoos milagros. Seria divertirse a costa vuestra, como si se pidiese a un mariscal que se pusiese a lapidar una esmeralda o un diamante. Por eso yo no os los pido, sino solo que confeséis francamente que no habéis sido aprendices de los Apostoles, discipulos, martires y confesores, que fueron los maestros del oficio.

Pero cuando decis que no tenéis necesidad de milagros porque no queréis implantar una nueva fe, decidme también si San Agustin, San Jeronimo, San Gregorio, San Ambrosio y los demas predicaron una nueva doctrina; y entonces por qué hicieron tantos y tan senalados milagros. Es verdad que el Evangelio era mejor recibido en su mundo que en nuestros tiempos, habia pastores mas excelentes, muchos martires, y nos habian precedido no pocos milagros, pero no por eso la Iglesia dejaba de tener el don de hacer milagros para mejor ilustrar la santisima religion. Porque si en algun momento hubieran de haber cesado los milagros en la Iglesia, habria sido en tiempos de Constantino el Grande, una vez que el imperio se convirtio al Cristianismo, que cesaron las persecuciones y que el Cristianismo se encontro seguro, pero fue entonces cuando mas se multiplicaron por todas las partes. En verdad, la doctrina que predicais no fue anunciada, ni mucho ni poco. Vuestros predecesores heréticos la predicaron, y con unos de ellos estais perfectamente de acuerdo en algun punto, y con otros no, como diré mas adelante.

¿Donde estaba vuestra iglesia hace ochenta anos? Apenas acaba de nacer y ya la llamais antigua. Decis que no habéis hecho una iglesia nueva, sino que a la vieja moneda la habéis frotado y limpiado, porque, habiendo estado mucho tiempo cubierta de moho, se habia ennegrecido, corroido y enmohecido. Por favor, no digais mas eso, porque vosotros tenéis el metal y el cuno; ¿no son acaso la fe y los sacramentos ingredientes necesarios para la composición de la Iglesia? Y, sin embargo, mudasteis tanto lo uno como lo otro; sois, por consiguiente, falsificadores de moneda, a no ser que demostréis el poder que pretendéis tener para golpear vuestro cuno sobre la moneda del rey. Pero no nos detengamos por aqui: ¿habéis purificado la Iglesia? ¿Habéis limpiado esta moneda? Ensenadnos entonces los caracteres que tenia antes de caer en la tierra y comenzar la oxidarse. Decis que cayo en tiempos de San Gregorio, o poco después. Decid lo que os parezca, mas en aquel tiempo se conservaba la senal de los milagros; mostradnoslo ahora, porque, si no nos mostrais bien nitida la inscripción y efigie del rey en vuestra moneda, y nosotros os las mostramos en la nuestra, entonces sera nuestra la circular con curso legal; la vuestra, pequena y corroida, sera reenviada al fundidor.

Si nos queréis representar la Iglesia en la forma que tuvo en tiempos de San Agustin, mostradnosla no solo bienhablante, sino también bienhaciente en obras santas y milagros, como ella era entonces. Porque, si queréis decir que en aquella época era mas joven que ahora, os responderé que una interrupción tan notable como la que pretendéis que ha existido, de novecientos o mil anos, torna esta moneda tan extrana que, si no se ven con claridad las letras y los caracteres ordinarios, la inscripción y la imagen, no podremos aceptarla. No, no: la Iglesia antigua fue siempre poderosa, en la adversidad y en la prosperidad, en palabras y en obras, como su Esposo; la vuestra solo ha palabreado, tanto en la adversidad como en la prosperidad. Por lo menos, que ahora muestre algun vestigio de la antigua marca, de lo contrario, nunca podra ser aceptada como la verdadera Iglesia, ni hija de esta antigua Madre. Porque, si quiere vanagloriarse, se le impondra silencio con estas santas palabras: Si filii Abrahae estis, opera Abrahae facite (Jn 8,39); la verdadera Iglesia de los creyentes se vera siempre acompanada de milagros. En nuestros tiempos, la unica Iglesia en que esto se da es la nuestra, luego, solo la nuestra es la unica y verdadera Iglesia.

La profecia es un gran milagro que consiste en el conocimiento cierto que el entendimiento humano tiene de las cosas sin experiencia ni discurso natural, sino por inspiración sobrenatural; por consiguiente, todo lo dicho de los milagros en general, debe aplicarse a éste en particular; pero, ademas, el profeta Joel predijo (Jl 2,28-29)que al fin de los tiempos, es decir, en la época de la Iglesia evangélica, segun la interpretación de San Pedro (Ac 2,17), sucedera que derramaré Yo mi espiritu sobre toda clase de hombres; y profetizaran vuestros hijos y vuestras hijas; como Nuestro Senor habia dicho, a los que creyeron, acompanaran estos milagros (Mc 16,17). Luego, la profecia debe perdurar siempre en la Iglesia, donde se encuentran los hijos e hijas de Dios, y donde sobre ellos derrama siempre su Santo Espiritu. El angel dice en el Apocalipsis que el espiritu de profecia es el testimonio de Jesus (Ap 19,10); este testimonio de la asistencia de Nuestro Senor no se da solamente para los infieles, sino principalmente para los fieles, como dice San Pablo (1Co 14,22); ¿como, entonces, diréis que, habiéndolo Nuestro Senor dado una vez a su Iglesia, después lo quitaria? La causa fundamental por la cual se concedio permanece, luego, permanece la concesion. Sumemos a esto, como ya dije de los milagros, que la Iglesia tuvo profetas en todos los tiempos; no podemos, pues, pretender que no sea una de sus propiedades y una buena pieza de su dote.

Al subirse a lo alto llevo consigo cautiva a una grande multitud de cautivos, y derramo sus dones sobre los hombres... él mismo a unos ha constituido apostoles, a otros profetas, y a otros evangelistas, y a otros pastores y doctores (Ep 4,8-11); si los espiritus apostolico, evangélico, pastoral y doctoral permanecen en la Iglesia, ¿por qué no ha de permanecer el profético? Es uno de los perfumes del vestido de la Esposa (Ct 4,11).


La Iglesia Catolica tiene el espiritu de profecia, y la pretendida no.

No hubo casi ningun santo en la Iglesia que no haya profetizado. Nombraré solamente los mas recientes: San Bernardo, San Francisco, San Antonio de Padua, Santo Domingo, Santa Brigida, Santa Catalina de Sena, todos ellos fervorosos catolicos. Los santos que acabo de mencionar son de ese numero, tal como en nuestros dias Gaspar Barzia y Francisco Javier. Entre nuestros antepasados, no hay uno que no nos haya contado con gran seguridad alguna profecia de Jean Borgeois, habiéndolo visto o escuchado muchos de ellos. El espiritu de profecia es el testimonio de Jesus (Ap 19,10). Presentadnos ahora alguno de los vuestros que haya profetizado para vuestra Iglesia. Sabemos que las sibilas, de las cuales hablan casi todos los antiguos, fueron como las profetizas de los gentiles; Balaam también profetizo (Nb 22,24), pero lo hizo para la verdadera Iglesia, y, por ende, su profecia no dio autoridad a la iglesia en que se hacia, sino solo a aquella a que se dirigia.

Tampoco niego que entre los gentiles haya una verdadera Iglesia, de poca gente, que tenga la fe en el Dios verdadero y observe los mandamientos de la ley natural por gracia de Dios; de eso atestiguan Job, en las antiguas Escrituras, y el buen Cornelio, con sus soldados, temerosos de Dios (Ac 10,2 Ac 10,7), en el Nuevo Testamento. ¿Donde estan vuestros profetas? Si no los tenéis, creed que no sois del cuerpo para edificación del cual Nuestro Senor los dio, segun San Pablo (Ep 4,11-12); ademas de eso, el espiritu de profecia es el testimonio de Jesus. Parece que Calvino quiso profetizar en el prefacio de su Catecismo de Ginebra, pero su predicción es de tal manera favorable para la Iglesia Catolica que, cuando obtuviéremos su efecto, nos agradara considerarlo como profeta.


La verdadera Iglesia debe practicar la perfección de la vida cristiana.

He aqui algunas extranas ensenanzas de Nuestro Senor y sus Apostoles. Un joven rico confeso haber observado los mandamientos de Dios desde su mas tierna infancia; Nuestro Senor, que todo lo sabe, mirandolo, se aficiono por él, signo de que era verdadero aquello que habia dicho, y le dio este consejo: Si quieres ser perfecto, anda y vende cuanto tienes, y tendras un tesoro en el cielo: ven después, y sigueme (Mt 19,21 Mc 10,16-22). San Pedro nos invita con su ejemplo y de sus companeros: todo lo dejamos y Te seguimos (Mt 19,27), a lo que Nuestro Senor responde con esta solemne promesa: Vosotros que Me habéis seguido, os sentaréis sobre doce sillas y juzgaréis las doce tribus de Israel. Y cualquiera que habra dejado casa o hermanos, o hermanas, o padre, o esposa, o hijos, o heredades por causa de Mi nombre, recibira cien veces mas y poseera la vida eterna (Mt 19,28-29). Estas son las palabras; he aqui ahora el ejemplo: El Hijo del hombre no tiene sobre qué reclinar la cabeza (Mt 8,20); hizose pobre para enriquecernos a nosotros (2Co 8,9); Lucas dice que vivia de limosnas: Mulieres aliquae ministrabant ei de facultatibus suis (Lc 8,3); en dos salmos (Ps 109,22; 40,18), que se refieren a su Persona, como interpretan San Pedro (Ac 1,20)y San Pablo (He 10,7), es llamado mendigo; cuando envio a sus Apostoles a predicar, les dijo: Nequid tollerent in via nisi virgam tantum, y que no tomasen para el camino ni pan, ni alforja, ni dinero en el cinto, sino apenas sandalias en los pies, y que no llevasen dos tunicas (Mc 6,8-9). Sé que estas ensenanzas no son mandamientos absolutos, si bien que esto último asi fue considerado por bastante tiempo; la unica cosa que digo es que son consejos y ejemplos muy salutiferos.

Y he aqui aun otros parecidos, aunque tocantes a otro tema: Hay eunucos que nacieron tales del vientre de sus madres; y hay eunucos que fueron castrados por los hombres; y eunucos hay que se castraron a si mismos por amor del Reino de los Cielos; qui potest capere, capiat (Mt 19,12). Eso mismo habia sido predicho por Isaias: No diga el eunuco: "he aqui que soy un tronco seco", porque esto dice el Senor a los eunucos: "A los que observaren mis sabados, y practicaren lo que yo quiero, y se mantuvieren firmes en su alianza, les daré un lugar en mi casa, y dentro de mis muros, y un nombre mas apreciable que el que le darian los hijos e hijas: daréles yo un nombre sempiterno que jamas se acabara" (Is 56,3-5). ¿quién no ve que el Evangelio responde justamente a la profecia? Y en el Apocalipsis se lee: Y cantaban como un cantar nuevo ante el trono, y delante de los cuatro animales, y de los ancianos... Estos son los que no se amancillaron con mujeres, porque son virgenes.

Estos siguen al Cordero dondequiera que vaya (Ap 14,3-4). A esto se refiere la exhortación de San Pablo: Loable cosa es en el hombre no tocar mujer (1Co 7,1). Digo a las personas no casadas y viudas: bueno les es si asi permanecen, como también permanezco yo (1Co 7,8). En orden a las virgenes, precepto del Senor yo no lo tengo; doy, si, consejo, como quien ha conseguido del Senor la misericordia de ser fiel (1Co 7,25). Estas son las razones: Yo deseo que vivais sin inquietudes. El que no tiene mujer, anda solicito de las cosas del Senor, y en agradar a Dios. Al contrario, el que tiene mujer anda afanado en las cosas del mundo, y en como agradar a la mujer, y se halla dividido. De la misma manera la mujer no casada, o una virgen, piensa en las cosas de Dios, para ser santa en cuerpo y alma.

Pero la casada piensa en las del mundo, y en como ha de agradar al marido. Por lo demas yo digo esto para provecho vuestro; no para echaros un lazo, sino solamente para exhortaros a lo mas loable, y a lo que habilita para servir a Dios sin embarazo (1Co 7,32-35). En suma, el que da su hija en matrimonio obra bien; pero el que no la da, obra mejor (1Co 7,38). Después, hablando de la viuda, anade: Casese con quien quiera, con tal que sea segun el Senor. Pero mucho mas dichosa sera si permanece segun mi consejo; y estoy persuadido de que también me anima el Espiritu de Dios (1Co 7,39-40). Estas son las instrucciones de Nuestro Senor y de los Apostoles, y este el ejemplo de Nuestro.

Señor de nuestra Señor, de San Juan Bautista, de San Pablo, de San Juan y de Santiago, que vivieron todos en virginidad; y en el Antiguo Testamento, Elias y Eliseo, como ya habian hecho notar los antiguos. Finalmente, la humilde obediencia de Nuestro Senor, tan manifiesta en los Evangelios, no solamente la obligatoria a su Padre (Jn 6,38), sino también a San José, a su Madre (Lc 2,51), al César, a quien pago tributo (Mt 17,27), y a todas las criaturas, en su Pasión, por nuestro amor: Humiliavit semetipsum, factus obediens usque ad mortem, mortem autem crucis (Ph 2,8).

Y demostro la misma humildad, la cual vino a ensenar, diciendo: El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir (Mt 20,28); Estoy en medio de vosotros como un sirviente (Lc 22,27). Estos pasajes, ¿no son réplicas perpetuas y exposiciones de esta dulce leccion: Aprended de mi, que soy manso y humilde de corazon (Mt 11,29)? ¿Y de esta otra: Si alguno quisiere venir en pos de mi, renunciese a si mismo, y lleve su cruz cada dia, y sigame (Lc 9,23)? El que guarda los mandamientos, ya renuncia bastante a si mismo lo suficiente para salvarse, se humillo suficientemente para ser ensalzado (Mt 23,12); pero queda todavia otra obediencia, humildad y de si mismo, a la cual nos invitan el ejemplo y las ensenanzas del Senor.

Quiere que aprendamos de El la humildad; se humillo no solamente a quien él era inferior, porque tomo la forma de siervo (Ph 2,7), sino también a sus propios inferiores; él desea, pues, que asi como él se humillo no solamente por deber, sino ultrapasando el propio deber, asi también nosotros obedezcamos con gusto a todas las criaturas, por su amor (1P 2,13); él quiere que renunciemos a nosotros mismos segun su ejemplo, pues él renuncio tan firmemente a su voluntad que Se sometio a la propia cruz, y a servir a sus discipulos y servidores, como atesta quien, viendo esto tan extrano, exclamo: Non lavabis mihi pedes in aeternum! (Jn 13,8) ¿Qué nos resta, pues, sino reconocer en estas palabras y acciones el dulce convite a la sumisión y a la obediencia voluntaria que él nos hace, aun a quien no tenemos ninguna obligacion? Esto sin apoyarnos siquiera sobre nuestro propio criterio y voluntad, segun el dicho del Sabio (Pr 3,5), mas haciéndonos objetos y esclavos de Dios y de los hombres por amor a Dios. Los Recabitas fueron muy loados en Jeremias (Jr 35)porque obedecieron a su padre Jonadab en cosas duras y extranas, a las cuales no tenia autoridad para obligarlos, como eran el no beber vino, ni ellos ni sus criados, ni sembrar, ni plantar, ni tener vinas, ni construir. Los padres, ciertamente, no pueden atar tan duramente las manos a su posteridad, si ella no lo consiente voluntariamente; los Recabitas, sin embargo, fueron loados y benditos por Dios, como aprobación de esta obediencia voluntaria con que habian renunciado a si mismos, con una extraordinaria y perfecta renuncia. Dicho esto, volvamos ahora a nuestro camino.

Estas ensenanzas y ejemplos aqui tan senalados de pobreza, castidad y abnegación de si mismo, ¿para quién se hicieron? Para la Iglesia. ¿Por qué? Nuestro Senor es quien lo dice: Qui potest capere, capiat (Mt 19,12). ¿Y quién puede entenderlo? Quien tenga el don de Dios (1Co 7,7), y nadie tiene este don sino quien lo pidio (Sab 8,21). ¿Pero como le han de invocar, si no creen en El? o ¿como creeran en El si de El nada han oido hablar? Y ¿como oiran de El, si no se les predica? ¿Y como habra predicadores, si nadie los envia? (Rm 10,14-15) Pero no hay misión alguna fuera de la Iglesia; luego, este qui potest capere, capiat, por consiguiente, no se dirige inmediatamente sino a la Iglesia y a aquellos que estan en la Iglesia, porque fuera de la Iglesia no puede ser entendido. San Pablo dice con mayor claridad: Hoc ad utilitatem vestram dico: Os digo esto para provecho vuestro; no para echaros un lazo, sino solamente para exhortaros a lo mas loable, y a lo que habilita para servir a Dios sin embarazo (1Co 7,35).

De hecho, las Escrituras y los ejemplos que en ellas se contienen no son sino que para nuestra utilidad e instrucción (Rm 15,14); la Iglesia debe, pues, practicar estos santos consejos de su Esposo; de lo contrario, habria sido en vano y para nada que él los propusiera. Por eso, la Iglesia los tomo como propios, sacando de ellos grande provecho, como seguidamente veremos. Ni bien Nuestro Senor subio a los cielos, luego los cristianos vendian sus posesiones y traian su precio a los pies de los Apostoles (Ac 4,34-35), y San Pedro, practicando la primera regla, decia: Aurum et argentum non est mihi (Ac 3,6).

San Felipe tenia cuatro hijas virgenes (Ac 21,9), las cuales Eusebio asegura que permanecieron tales; San Pablo conservo la virginidad o el celibato (1Co 7,7), asi como San Juan y Santiago; y cuando San Pablo reprendio como censurables algunas viudas jovenes, quae postquam lascivierint in Christum nubere volunt, habentes damnationem quia primam fidem irritam fecerunt (1Tm 5,11-12), el IV Concilio de Cartago (en que se encontraba San Agustin), San Epifanio, San Jeronimo, y todos los antiguos, interpretaron esto como refiriéndose a las viudas que, teniéndose consagrado a Dios para conservar su castidad, rompieron sus votos uniéndose en matrimonio, contra la fe que habian dado anteriormente al celestial Esposo. Por consiguiente, ya en aquellos tiempos eran practicados en la Iglesia los consejos de los eunucos y de la virginidad, dados por San Pablo. Eusebio de Cesarea explica que los Apostoles instituyeron dos vias, una segun los mandamientos y otra segun los consejos; parece evidente que haya sido asi, porque segun el modelo de la perfección de vida practicada y aconsejada por los Apostoles, una infinidad de cristianos conformo la suya, de cuyos testimonios la historia esta llena.

¿Quién no sabe cuan admirables son los relatos del judio Filon sobre la vida de los primeros cristianos de Alejandria, en su libro intitulado De vita supplicum, o Tratado de San Marcos y sus discipulos? Como atestan Eusebio, Nicéforo, San Jeronimo, y entre otros Epifanio, Filon hablaba de los cristianos cuando escribia acerca de los Jesenos, que por algun tiempo, después de la Ascensión de Nuestro Senor, mientras San Marcos predicaba en el Egipto, fueron asi llamados: o debido a Jesé, a cuya raza pertenecio Nuestro Senor, o debido al nombre de Jesus, nombre de su Maestro, y que siempre tenian en la boca; quien lea los libros de Filon, vera que esos Jesenos o terapeutas, curadores o servidores, vivian en plena renuncia de si mismos, de su carne y de sus bienes. San Marcial, discipulo de Nuestro Senor, en una epistola que escribio a los Tolosenses, relata que, por causa de su predicación, la bienaventurada Valeria, esposa de un rey terreno, habia consagrado la virginidad de su cuerpo y de su espiritu al Rey Celestial. San Dionisio, en su obra De Hierarchiae Ecclesiae (cap. 6 §1,3), dice que los Apostoles, sus maestros, llamaban a los religiosos de su tiempo terapeutas, o sea, servidores o adoradores, por el culto especial que prestaban a Dios, o monjes, debido a la union en que vivian con Dios.

He aqui la perfección de la vida evangélica practicada en esos primeros tiempos de los Apostoles y sus discipulos, los cuales, abriendo este camino que sube tan derecho para el cielo, fueron seguidos por una multitud de excelentes cristianos. San Cipriano guardo continencia y dio todos sus bienes a los pobres, como refiere el Diacono Poncio; otro tanto hizo San Pablo, el primer eremita, San Antonio y San Hilario, como afirman San Atanasio y San Jeronimo. San Paulino, obispo de Nola, segun refiere San Ambrosio, habiendo nacido de una ilustre familia de Guyenne, repartio todos sus bienes a los pobres y, como aliviado de un pesado fardo, dijo adios a su tierra y a sus familiares para servir mas plenamente a su Dios; de este ejemplo se sirvio San Martin para dejar todo e invitar a otros a la misma perfeccion. Jorge, Patriarca de Alejandria, dice que San Juan Crisostomo abandono todo y se hizo monje.

Poticiano, gentilhombre africano, volviendo de la corte del emperador, conto a San Agustin que en el Egipto habia numerosos monasterios y religiosos, que vivian en una gran dulzura y simplicidad de costumbres, y que en Milan habia un monasterio, fuera de la ciudad, con un gran numero de religiosos viviendo en gran union y fraternidad, de los cuales San Ambrosio, obispo de la ciudad, era como su abad; les conto también que, junto a la ciudad de Tréveris, habia un monasterio de religiosos donde dos cortesanos del emperador se habian hecho monjes, y que dos jovencitas, novias de estos cortesanos, al conocer la resolución de sus novios, consagraron igualmente a Dios su virginidad, retirandose del mundo para vivir en religion, pobreza y castidad; todo esto lo refiere San Agustin (Conf. VIII,6). Esto mismo cuenta Posidio de él, y también que instituyo un monasterio, lo que el propio San Agustin refiere en una de sus cartas (211). Estos santos padres fueron seguidos por San Gregorio, Juan Damasceno, Bruno, Romualdo, Bernardo, Domingo, Francisco, Luis, Antonio, Vicente, Tomas, Buenaventura, todos los cuales, habiendo renunciado y dicho adios eterno al mundo y a sus pompas, se presentaron en perfecto holocausto al Dios vivo.

Concluyamos, pues: estas consecuencias me parecen inevitables. Nuestro Senor dejo plasmados en las Escrituras estos consejos de Castidad, Pobreza y Obediencia, que él mismo practico e hizo practicar en su Iglesia naciente. Toda la Escritura y toda la vida de Nuestro Senor no fueron sino una instrucción para la Iglesia, y la Iglesia debe sacar provecho de ella. La Iglesia, pues, debia sacar provecho de ella ejercitandose en la castidad, pobreza y obediencia, o renuncia a si misma. Item, la Iglesia hizo siempre y en todos los tiempos este ejercicio, luego, es una de sus caracteristicas propias.

¿De que habrian servido tantas exhortaciones si no hubiesen sido practicadas? La Iglesia verdadera debe resplandecer en la perfección de la vida cristiana; no quiere esto decir que todos en la Iglesia estén obligados a seguirla, bastando que solo en algunos de sus miembros y determinadas partes estuviese presente, a fin de que nada se haya escrito o aconsejado en vano, y que la Iglesia se sirva de cada una de las partes de las Escrituras sagradas.


La perfección de la vida evangélica es practicada en nuestra Iglesia, pero en la pretendida es menospreciada y abolida.

La Iglesia actual, siguiendo la voz de su Pastor y Salvador y el camino trazado por sus antepasados, loa, aprueba y tiene en mucha estima la resolución de quienes se proponen la practica de los consejos evangélicos, de los cuales cuenta con un gran numero. No dudo que, si hubieseis visitado las congregaciones de los Cartujos, Camaldulenses, Celestinos, Minimos, Capuchinos, Jesuitas, Teatinos y muchos otros entre los cuales florece la disciplina religiosa, no pondriais en duda si los deberiais llamar angeles terrestres o hombres celestes, y no sabriais qué admirar mas: si una tan perfecta castidad de tanta juventud, o una tan profunda humildad entre tanta doctrina, o una tan grande fraternidad entre tanta diversidad; y todos, como celestiales abejas, trabajan en la Iglesia y de ella extraen la miel del Evangelio con los demas cristianos, sea predicando, sea escribiendo, sea rezando y meditando, sea ensenando y disputando, sea cuidando enfermos, sea administrando los sacramentos bajo la autoridad de los pastores.

¿Quién obscurecera jamas la gloria de tantos religiosos de todas las ordenes, y de tantos sacerdotes seculares que, dejando voluntariamente su patria, o mejor dicho, su propio mundo, se expusieron a vientos y mares para aproximarse a las gentes del Nuevo Mundo, a fin de conducirlas a la verdadera fe e iluminarlas con la luz del Evangelio? Muchos, sin mas provisiones que una viva confianza en la providencia de Dios, sin mas recompensa que el trabajo, la miseria y el martirio, sin mas pretensiones que la honra de Dios y la salvación de las almas, anduvieron entre los canibales, canarios, negros, brasilenos, moluquenses, japoneses y otras naciones extranjeras, quedandose en ellas, desterrandose ellos mismos de sus propios paises a fin de que estos pobres pueblos no fuesen desterrados del paraiso. Sé que algunos ministros también fueron, pero con calculos humanos, que fallaron; volvieron sin hacer nada, porque un mono (esto es, quien imita) es siempre un mono.

Pero los nuestros se quedaron alli en continencia perpetua, para fecundar la Iglesia con estas nuevas plantas; en pobreza extrema, para enriquecer a los pueblos con el comercio evangélico; y murieron en la esclavitud, para dar a este mundo la libertad cristiana. Pero si, en lugar de sacar provecho de estos ejemplos y confortar vuestros criterios con la suavidad de tan santo perfume, preferis mirar a ciertos lugares donde la disciplina monastica fue abolida, en los cuales de ella solo queda el habito, me obligais a deciros que solo buscais las cloacas y desperdicios en vez de los huertos y jardines. Todos los buenos catolicos lamentan la desgracia de esa gente y detestan la negligencia de sus pastores y la ambición de aquellos que, queriendo mandar, disponer y gobernar en todo, impiden las elecciones legitimas y el orden de la disciplina para apropiarse de los bienes temporales de la Iglesia.

¿Qué queréis? El Maestro sembro la buena simiente, pero el enemigo le mezclo la cizana (Mt 13,24-25); no obstante, la Iglesia, en el Concilio de Trento, restablecio el orden, pero el propio concilio es despreciado por aquellos que debian cumplirlo, de la tal manera que los propios doctores catolicos consideran que es un gran pecado entrar en esos monasterios tan relajados. La honra del orden apostolico no fue impedida por Judas, ni siquiera Lucifer impidio la del orden angélico, ni el diaconado lo fue por Nicolas; de la misma forma, esas abominaciones no deben impedir el brillo de tantos monasterios devotos que la Iglesia Catolica conservo, en medio de la disolución de nuestro siglo de hierro, con el fin de que ni siquiera una palabra de su Esposo sea vana y no sea practicada. Por el contrario, senores, vuestra pretendida iglesia desprecia y detesta cuanto puede todo esto.

Calvino, en el libro IV de sus Instituciones, no trata de otra cosa que de la abolición de la observancia de los consejos evangélicos. Por lo menos, no me sabréis mostrar algun resquicio, ni ninguna prueba de buena voluntad entre vosotros a este respecto, ya que hasta los ministros se casan, cada cual comercia para juntar riquezas, y nadie conoce otro superior a no ser aquel a quien la fuerza hace reconocer, senal evidente de que esta pretendida iglesia no es aquella a la cual Nuestro Senor predico, y cuyo retrato diseno con tan hermosos ejemplos. Porque, si todos se casan, ¿en qué queda el consejo de San Pablo: Bonum est homini mulierem non tangere (1Co 7,1)? Y si todos corren tras las posesiones y el dinero, ¿a quién se dirigiran las palabras de Nuestro Senor: Nolite thesaurizare vobis thesauros in terra (Mt 6,19), y estas otras: Vade, vende omnia, da pauperibus (Mt 19,21)? Y si cada cual quiere mandar, ¿donde encontraremos la practica de esta solemne sentencia: Qui vult venire post me abneget semetipsum? (Lc 9,23) Si se pusiere, pues, vuestra iglesia en comparación con la nuestra, la nuestra sera la verdadera Esposa, que pone en practica todas las palabras de su Esposo, y no deja inutilizado ni uno de los talentos de que habla la Escritura; la vuestra sera falsa, porque no escucha la voz del Esposo, antes bien la menosprecia; no es razonable que, para tener la vuestra como creible, se torne vana la menor silaba de la Escritura, la cual, no dirigiéndose sino a la verdadera Iglesia, seria vana e inutil si en la verdadera Iglesia no se hubiesen empleado todas sus piezas.

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