miércoles, octubre 28, 2009

Iglesia de buenos y malos. S. Fco de Sales

San Fransico de Sales, Carta abierta a los protestantes.


Segunda seccion;


En la Iglesia, hay buenos y malos, predestinados y réprobos

Para probar la invisibilidad de la Iglesia, cada uno apunta sus razones, pero la más trivial entre todas es la que se refiere a la predestinación eterna. Ciertamente, no es pequeña la estratagema de desviar los ojos espirituales de la gente de la Iglesia Militante a la predestinación eterna, a fin de que, deslumbrados por el fulgor de misterio tan inescrutable, no veamos lo que tenemos ante nuestras narices. Dicen, pues, que hay dos Iglesias: una, visible e imperfecta, la otra, invisible y perfecta; y que la visible puede errar y desvanecerse al viento de los errores y de las idolatrías, y la invisible no. Si se les pregunta cual es la Iglesia visible, responden que es la asamblea de los hombres que hacen una misma profesión de fe y tienen los mismos sacramentos, que esta constituida por buenos y malos, y que de Iglesia solo tiene el nombre; y que la Iglesia invisible es la que esta constituida solamente por los elegidos, quienes, no siendo conocidos por los hombres, son reconocidos y vistos por Dios solamente. Pero vamos a demostrar claramente que la verdadera Iglesia encierra buenos y malos, justos y réprobos; he aquí de donde:

1. ¿Acaso no era la verdadera Iglesia aquella que San Pablo llamaba Casa de Dios vivo, columna y fundamento de la verdad (1Tm 3,15)? Sin duda alguna, ya que no es propio de una iglesia errante y vagabunda el ser "columna de la verdad". Pues bien, el Apóstol atesta que en esta verdadera Iglesia, Casa de Dios, hay vasos para usos decentes y otros para usos viles (2Tm 2,20), es decir, buenos y malos.

2. ¿No es la verdadera Iglesia aquella contra la cual las puertas del infierno no prevalecerán? Y, así y todo, en ésta hay hombres que necesitan ser desatados de sus pecados y otros a quienes hay que retenérselos, como Nuestro Señor hace ver en la promesa y potestad que otorga a San Pedro (Mt 16,18-19). Aquellos a quienes se les retienen, ¿no son malos y réprobos? Es propio de los réprobos que sus pecados les sean retenidos, y normal en los elegidos que les sean perdonados; sin embargo, es evidente que aquellos cuyos pecados San Pedro tenia poder de perdonar o de retener estaban en la Iglesia, ya que es propio solo de Dios juzgar a los que están fuera de la Iglesia (1Co 5,13); por consiguiente, aquellos a quienes San Pedro debía juzgar no estaban fuera, sino dentro de la Iglesia, por lo que debía haber réprobos entre ellos.

3. ¿No nos enseña Nuestro Señor que, ofendidos por hermanos, y habiéndolos corregido dos veces de diversas maneras, los denunciemos en la Iglesia? Díselo a la Iglesia; pero si ni a la Iglesia oyere, tenlo como por gentil y al publicano (Mt 18,17). Ante este texto no es fácil escaparse, pues el argumento es incontestable: tratase de un hermano nuestro, que no es ni pagano ni publicano, pero se encuentra bajo la corrección y disciplina de la Iglesia, siendo, por eso, miembro de la Iglesia. Pero eso no impide que sea réprobo, obstinado. Los buenos, pues, no son los únicos que están en la verdadera Iglesia, sino también los malos hasta tanto sean expulsados; de no ser así, dígase que la Iglesia a la cual Nuestro Señor nos envía es una Iglesia errante, pecadora y anticristiana. ¡Eso seria blasfemar demasiado abiertamente!

4. Cuando Nuestro Señor dijo: El esclavo no mora para siempre en la casa; el hijo si que permanece en ella (Jn 8,35), ¿no vale esto tanto como decir que en la casa de la Iglesia permanecen conjuntamente por un tiempo tanto los elegidos como los réprobos? Porque, ¿quién puede ser este servidor que no permanece siempre en la casa sino el que será lanzado a las tinieblas exteriores? Y ciertamente así lo entiende El mismo cuando dice inmediatamente antes: Todo aquel que comete pecado, es esclavo del pecado (Jn 8,34). Los que no se quedan para siempre, quédanse, sin embargo, algún tiempo, mientras fueren reclamados para algún servicio. (F. de Sales, Carta abierta 121).

5. San Pablo escribe a la Iglesia de Dios que estaba en Corinto (1Co 1,2), y, no obstante, quiere que sea expulsado de la misma un incestuoso (1Co 5,2); si se expulsa es porque esta dentro, y si lo estaba y la Iglesia es solamente la asamblea de los elegidos, ¿como entonces se lo podría expulsar de ella? Los elegidos no pueden ser réprobos.

6. ¿Pero como podrán negar que los réprobos y malos puedan ser miembros de la Iglesia, si hasta pueden ser en ella pastores y obispos? Esto es cierto. ¿No es Judas un réprobo? Y, sin embargo, fue Apóstol y obispo, según el Ps 108,8 y también según San Pedro, que dice haber formado parte del ministerio del apostolado (Ac 1,17), y aun según todo el Evangelio, que lo incluye siempre en el colegio apostólico. Y Nicolás de Antioquía, ¿no fue diácono como San Esteban (Hech 6,5)? Y, con todo, muchos de los antiguos padres, entre ellos Epifanio, Filastro y Jerónimo, no hallan dificultades para tenerlo por heresiarca. Y, de hecho, los Nicolaitas, sus seguidores, anteponen sus abominaciones y son considerados verdaderos herejes por San Juan en el Apocalipsis (Apo 2,6).


San Pablo amonesta los sacerdotes de Efeso, diciendo que el Espíritu Santo los instituyo obispos para apacentar la Iglesia de Dios (Hech 20,28), pero también les asegura que algunos de entre ellos se levantaran, sembrando doctrinas perversas con el fin de atraerse discípulos (Hech 20,30); habla a todos cuando dice que el Espíritu Santo los constituyo obispos, inclusive cuando dice que algunos entre ellos se levantarían algunos cismáticos.

¿Pero como podría yo traer aquí la recordación de tantos obispos y prelados que, habiendo sido colocados legítimamente en este oficio y dignidad, perdieron su primera gracia y murieron en la herejía? ¿Alguien vio jamas persona mas santa, casta, caritativa y docta que el simple sacerdote Orígenes? ¿Quién puede leer lo que de él escribió Vicente de Lérins, uno de los mas refinados y doctos escritores eclesiásticos, que relata su vejez abominable después de una admirable y santa vida, y no consternarse al ver como tan grande y valiente navío que, después de tantas tempestades pasadas, después de tantos y tan estupendos debates realizados con hebreos, arabes, caldeos, griegos y latinos, volviendo lleno de honra y riqueza espiritual, naufraga y se pierde en el puerto de su propia sepultura? ¿Quién se atrevería a decir que no hubiera pertenecido a la verdadera Iglesia un hombre que siempre combatió en defensa de la Iglesia y a quien toda la Iglesia honraba y tenia como uno de sus mayores doctores? Y bien: al fin de su vida, vedlo ahí hereje, excomulgado, fuera del arca santa, pereciendo en el diluvio de sus propias opiniones.

Todo esto se asemeja a la santa palabra de Nuestro Señor (Mt 23,2-3), que tiene a los escribas y fariseos como verdaderos pastores de la verdadera Iglesia de sus tiempos, llegando a mandar que se les obedezca; y, sin embargo, dice que son réprobos y no elegidos (Mt 23,12-13). ¿Comprendéis el absurdo que resultaría si únicamente los elegidos estuviesen en la Iglesia? Seria entonces cierta la creencia de los Donatistas deque no podríamos conocer a nuestros prelados, ni, por ende, obedecerlos, porque, ¿como conoceríamos realmente que son de la Iglesia aquellos que se dicen prelados y pastores (ya que es evidente que, mientras estamos vivos, no podremos saber quién esta predestinado y quien no, como diré mas adelante)? Y si no son miembros de la Iglesia, ¿como podrán ser sus jefes? Seria monstruoso que aquellos que son jefes de la Iglesia no perteneciesen a la misma.

Por consiguiente, no solamente puede un réprobo ser miembro de la Iglesia, sino inclusive su pastor; de la Iglesia no se puede decir que sea invisible, basándose en la afirmación de solo es constituida por predestinados. Quiero concluir este discurso con las comparaciones evangélicas que muestran claramente esta verdad. San Juan compara la Iglesia con un campo, en el cual hay grano y paja; el primero, para ser guardado en los graneros, la segunda para ser quemada en el fuego eterno (Mt 3,12). ¿No alude aquí a los elegidos y a los réprobos? Nuestro Señor la compara con la red lanzada al mar, en la cual se recogen peces buenos y malos (Mt 13,47); con el grupo de diez vírgenes, de las cuales cinco son prudentes y cinco necias (Mt 25,1-2); con tres criados, uno de los cuales es un inútil y es arrojado a las tinieblas exteriores (Mt 25,26-30); finalmente, la compara con una fiesta de bodas, a la cual fueron invitados buenos y malos, y estos últimos, no teniendo vestido adecuado, son arrojados a las tinieblas exteriores (Mt 22,2).

¿No bastan estas pruebas para comprender que no solo los elegidos, sino también los réprobos están en la Iglesia? Cerremos, pues, a tales opiniones la puerta de nuestro propio juicio, y a este propósito concluyamos con esta proposición que nunca se meditaría bastante: Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos (Mt 22,14). Todos los que están en la Iglesia fueron llamados, pero no son todos elegidos; Iglesia no significa elección, pero si convocación.

¿Donde encontraran en las Escrituras un pasaje que pueda servirles de excusa para tal absurdo, o contrapruebas tan claras como las que acabamos de ver? A los pertinaces nunca les faltan razones en contra. ¿Recordaran lo que se encuentra escrito de la Esposa en el Cantar de los Cantares, diciendo que es un huerto cerrado y fuente sellada, pozo de aguas vivas... (Ct 4,12-15) Toda hermosa y sin defecto, o como dice el Apóstol: Llena de gloria, sin mácula, ni arruga; santa e inmaculada (Ep 5,27)? De buena gana les ruego que vean lo que quieren concluir de estos pasajes, porque si quieren concluir que en la Iglesia no hay mas que santos e inmaculados, sin arruga y gloriosos, les haré ver con el mismo pasaje que en la Iglesia no hay ni elegidos ni réprobos, porque, ¿no es la misma voz humilde de los justos y elegidos, como dice el gran Concilio de Trento (Ses. 6, c.11), la que suplica: "Perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores"? Considero al Apóstol Santiago un elegido, y, sin embargo, él confiesa que todos tropezamos en muchas cosas (Jc 3,2).

San Juan cierra la boca a todos los elegidos, a fin de que nadie se gloríe de no cometer pecado; bien por el contrario, quiere que cada uno confiese el suyo (1Jn 1,8). Creo que David, en su arrebatamiento y éxtasis, sabia que era un elegido del Señor, y sin embargo dice que Todos los hombres son falaces (Si 115,11). Si queremos, pues, tomar a la letra estas santas cualidades de la Iglesia Esposa, de que no tiene mancha ni arruga, será preciso salir de este mundo para encontrar la verificación de tal retrato, porque los elegidos en este mundo no lo producen. Pongamos en limpio esta verdad.

1. La Iglesia, en lo que se refiere a su doctrina y costumbres, es un cuerpo bello, santo y glorioso. Las costumbres dependen de la voluntad; la doctrina del entendimiento; nunca habrá falsedad en el entendimiento de la Iglesia, ni maldad en su voluntad. Con la Gracia de su Divino Esposo, la Iglesia puede también decir, como El: ¿Quién de vosotros me convencerá de pecado? (Jn 8,46). De ahí no se sigue que en la Iglesia no haya personas malvadas. Acordaos de cuanto dije anteriormente. La Esposa tiene unas y cabellos que no están vivos, aunque ella lo esté; el senado es soberano, pero no cada uno de los senadores; el ejército es victorioso, pero no cada uno de los soldados; gana las batallas, pero muchos soldados mueren en ellas. Así, la Iglesia Militante es siempre victoriosa y gloriosa frente a las puertas y potencias del infierno, aunque algunos de los suyos, o porque se pierden y no obedecen - como vosotros ahora estáis perdidos- queden disgregados y perdidos, o por otro accidente, sean heridos y mueran. Notad bien cada uno de los loores a la Iglesia de que están sembradas las Escrituras, haciéndole una corona, pues le son bien merecidos, así como las maldiciones a quien, estando en tan real camino, se pierde; es un ejército formado en batalla (Ct 6,9), pese a que algunos deserten.

2. ¿Quién no sabe que, con frecuencia, se atribuye a todo el cuerpo lo que en la realidad es propio de una sola de sus partes? La Esposa dice que su Esposo es blanco y rubio, y a continuación añade que sus cabellos son negros (Ct 5,10-11); San Mateo dice que los ladrones que estaban crucificados junto a Jesús blasfemaban (Mt 27,44), pero solo uno de ellos lo hacia, como nos relata San Lucas (Lc 23,39); se suele decir que la azucena es blanca, pero también tiene partes amarillas y verdes. Quien habla en términos amorosos usa este lenguaje, y el Cantar de los Cantares es un cántico casto y amoroso. Todas esas cualidades son justamente atribuidas a la Iglesia debido al grande numero de santas almas que en ella se encuentran, y que observan estrictamente los santos mandamientos de Dios, y alcanzaron la perfección que es posible alcanzar en esta peregrinación, pero no aquella perfección que esperamos en la bienaventurada Patria.

3. Además, aun cuando no hubiese otra razón para así calificar a la Iglesia que la esperanza de subir, toda pura y bella, hasta lo alto, al único puerto a que corre y aspira, esta razón bastaría para poderla llamar gloriosa y perfecta, principalmente por tener tan hermosas garantías de la santa esperanza. No seria justo entretenerse aquí en las mil futilidades por las cuales mil se hacen sonar mil falsas alarmas al pueblo simple. Se nos presenta el texto de San Juan: Yo conozco a mis ovejas, y ninguno Me las arrebatara (Jn 10,27-28); se nos alega que estas ovejas sean exclusivamente los predestinados que están en el rebano del Señor, se alude a lo dicho por San Pablo a Timoneo: El Señor conoce a los Suyos (2Tm 2,19); y por San Juan a los apostatas: De entre nosotros han salido, mas no eran de los nuestros (1Jn 2,19). ¿Qué dificultades hay en todo esto? Nosotros confesamos que las ovejas predestinadas oyen la voz de su pastor y tarde o temprano gozan de todas las propiedades de que habla San Juan (Jn 10); pero también confesamos que en la Iglesia, que es el rebano de Nuestro Señor, no hay ovejas solamente, sino también carneros.

De lo contrario, ¿por qué se habría dicho que en el juicio, al fin del mundo, las ovejas serán separadas (Mt 25,32 Ex 34,17)si no porque hasta el juicio, mientras la Iglesia esté en este mundo, en ella convivirán carneros y ovejas? Mal se los podría separar si nunca hubiesen estado juntos, y además, al fin de cuentas, tanto a predestinados como a réprobos se llama algunas veces ovejas, como atesta David: ¿Y por qué, oh Sión, nos has desechado para siempre, se ha encendido tu furor contra las ovejas que apacientas (1S 73,1)? He andado errante como una oveja descarriada (, tu que apacientas a José, como a ovejas (Ps 79,2), por José se refiere al pueblo de Israel, porque a José fue dada la primogenitura (1Ch 5,1), y el primogénito da nombre a la raza. Isaias (Is 53,6)compara a todos los hombres, tanto réprobos como elegidos, con ovejas: Omnes nos quasi oves erravimus; y asi lo hace con el mismo Nuestro Senor, cuando dice, en el versiculo 7: Quasi ovis ad occisionem ductus est.

Y también Ezequiel en todo su capitulo 34, donde, sin duda, llama rebano a todo el pueblo de Israel sobre el cual David deberia reinar. ¿Y quién no sabe que en el pueblo de Israel no todos eran predestinados y elegidos? Asi y todo, se los llama ovejas, y todos se encuentran juntos bajo un mismo pastor. Creemos, pues, que hay ovejas salvas y predestinadas -de esas habla San Juan- y ovejas condenadas -de que se habla en otros lugares- y todas se encuentran en un mismo redil.

De la misma forma, ¿quién niega que Nuestro Senor conozca a todos los suyos? Sin duda, El sabia lo que se haria de Judas, y no por eso Judas dejo de ser Apostol; supo lo que se tornarian sus discipulos que querian abandonarlo (Jn 6,67)por causa de la doctrina de la comida de su Carne, y, pese a ello, los recibio como discipulos. Una cosa es ser de Dios para la Iglesia Triunfante, segun la eterna presciencia divina, y otra cosa muy distinta es ser de Dios para la Iglesia Militante, segun la comunion presente de los santos. Los primeros son conocidos exclusivamente por Dios; los otros son conocidos por Dios y por los hombres. San Agustin dijo: "Segun la eterna presciencia, ¡cuantos lobos hay dentro y cuantas ovejas hay fuera!" (Tract. 45 in Jn 12). Nuestro Senor conoce los que son suyos para la Iglesia Triunfante, pero ademas de esos hay otros en la Iglesia Militante que al final iran a la perdición, como ensena el mismo Apostol cuando dice que en una casa grande hay todo tipo de vasos, unos para honra y otros para ignominia (2Tm 2,20). Lo que dice San Juan: De entre nosotros han salido, mas no eran de los nuestros (1Jn 2,19), no sirve de objeción, porque, como dice San Agustin, estaban con nosotros segun el "numero", mas no segun "el mérito", es decir, como el mismo doctor explica: "Estaban entre nosotros y eran de los nuestros por la comunidad de los Sacramentos, pero segun la peculiar propiedad de sus vicios estaban ausentes"; ya eran herejes de alma y de voluntad, pese a no serlo segun las apariencias exteriores.

Esto no quiere decir que los buenos no estén juntos con los malos en la Iglesia; por el contrario, ¿como podrian salir de la compania de la Iglesia si no estuvieron en ella? Sin duda, estaban en ella de hecho, aunque fuera de ella de voluntad. Finalmente, he aqui un argumento que parece salirse de lo comun: consta que "quien no tiene a Dios por Padre, no tiene a la Iglesia por madre"; consta asimismo que quien no tiene a Dios por Padre, tampoco tendra a la Iglesia por madre; es asi que los réprobos no tienen a Dios por Padre, luego no tienen a la Iglesia por madre y por lo mismo no pertenecen a la Iglesia. Pero la respuesta es facil: admitamos la primera premisa, mas no la segunda, que afirma que los réprobos no son hijos de Dios, y que debera ser previamente explicada.

Todos los fieles bautizados pueden ser llamados hijos de Dios, con tal que sean fieles; de lo contrario, habria que quitar al Bautismo el nombre de regeneración o nacimiento espiritual que Nuestro Senor le dio (Jn 3,5); entendiéndolo asi, hay muchos réprobos hijos de Dios, ya que hay muchos bautizados y fieles que seran condenados, los cuales, como dice la Verdad, creen por una temporada, y al tiempo de la tentación vuelven atras (Lc 8,13). Asi, negamos vehementemente la segunda premisa, que afirma que los réprobos no son hijos de Dios: siendo miembros de la Iglesia, pueden ser llamados hijos de Dios por la creación, por la redención, doctrina, profesión de fe, a pesar de que Nuestro Senor Se lamente de ellos en Isaias, que dice: He criado hijos, y los he engrandecido, y ellos me han despreciado (Is 1,2). Si algunos pretenden decir que los réprobos no tienen a Dios por Padre porque no seran sus herederos -segun las palabras del Apostol: Si eres hijo, también eres heredero (Ga 4,7)- negaremos la consecuencia, porque no solamente estan en la Iglesia los hijos, sino también los criados, con la diferencia que los hijos quedaran para siempre herederos, al paso que los criados no, que seran expulsados de casa cuando el Maestro juzgare oportuno.

El mismo Senor es testigo en el Evangelio de San Juan (Jn 8,35)de que el hijo prodigo reconocia bien que muchos criados tenian pan abundante en la casa de su padre, mientras él, verdadero y legitimo hijo, moria de hambre guardando cerdos (Lc 15,15-17). Este argumento atesta la fe de la Iglesia Catolica en este asunto. ¡Cuantos esclavos han sido vistos montados a caballo, y cuantos principes a pie como esclavos, puedo decir con el Eclesiastés (Lc 10,7)! ¡Cuantos cuervos y animales inmundos hay en esta arca eclesiastica, cuantas manzanas bellas y aromaticas aparecen en el manzano, que por dentro estan llenas de gusanos, y aun asi continuan unidas al arbol de que absorben su sustento! Quien tenga los ojos esclarecidos para ver el término del camino de los hombres, veria también en la Iglesia razones para decir: Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos, es decir, muchos que estan en la Iglesia Militante no estaran en la Triunfante. ¡Cuantos hay dentro que estaran fuera, como San Antonio previo de Ario, y San Fulberto a Berengario! Es cierto entonces que no solamente los elegidos, sino también los réprobos, pueden estar y estan en la Iglesia, y que aquellos que -por quererla tornar invisible- solo incluyen a los elegidos, hacen como el mal discipulo, que para no socorrer a su maestro se excusa diciendo que no haber aprendido nada de su cuerpo, sino solamente de su alma.





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