jueves, octubre 22, 2009

La Iglesia debe ser visible, San. Fco de Sales


San Fransico de Sales, Carta abierta a los protestantes


Defenza de la autoridad e la Iglesia

Cap II: (1) Errores de los ministros sobre la naturaleza de la Iglesia





1 - La Iglesia Cristiana es visible

Por el contrario, señores, la Iglesia, que se opuso y contradijo a vuestros primeros ministros y que aun hoy en ida se opone a sus sucesores, es tan visible que nadie, por muy ciego que sea, puede pretender ignorar el deber que todos los cristianos tienen de reconocer que ella es la verdadera, única, inseparable y muy querida esposa del Rey celestial, lo que hace que vuestra separación sea aun mas inexcusable. Porque salir de la Iglesia y contradecir sus decretos será siempre convertirse en herejes y publicanos (Mt 18,17), aunque sea como consecuencia de la persuasión de un ángel o serafín (Gal 1,8) ; pero si es debida a la persuasión de hombres pecadores en grande, como cualesquier otros, personas particulares sin autoridad, sin mandato, sin ninguna cualidad requerida a los profetas y predicadores, y nada mas que el simple conocimiento de algunas ciencias, entonces romper todos los lazos y la mas religiosa obligación de obediencia que hay en este mundo, como es la que se debe a la Iglesia como Esposa de Nuestro Señor, es una falta que no puede repararse sino con un gran arrepentimiento y penitencia, a la cual, en nombre del Dios vivo, yo os invito.

Los adversarios, sabiendo que, de esta forma, su doctrina seria considerada como oro falso, trataron por todos los medios de escamotear esta prueba invencible, que nosotros tenemos como una de las marcas de la Iglesia verdadera, y por eso quisieron defender que la Iglesia es invisible e imperceptible, y por consecuencia, irreconocible. Creo que esto es extremamente absurdo, y que hasta raya en el delirio y la rabia. Por dos caminos diversos llegan ellos a formular esta opinión de la invisibilidad: unos dicen que es invisible porque ella esta formada solamente por personas elegidas y predestinadas; otros atribuyen esta invisibilidad a la raridad y disipación de los creyentes y fieles. Los primeros aseguran que la Iglesia es invisible siempre; los segundos afirman que esta invisibilidad duro cerca de mil anos, mas o menos, es decir, desde San Gregorio a Lutero, mientras el papado estaba en paz entre los cristianos. Dicen que durante ese tiempo habían muchos verdaderos cristianos secretos, que no revelaban sus intenciones y se contentaban con servir a Dios secretamente. Esta teología es tan condenable e imaginaria que los otros prefirieron decir que la Iglesia, durante esos mil anos, no era visible ni invisible, sino que estaba sofocada y abolida por la impiedad e idolatría. Permitidme, os pido, que diga la verdad libremente. Todos esos discursos revelan tonteras, y no son mas que sueños que se tienen velando, que no valen mas que el que tuvo Nabucodonosor durmiendo; son precisamente lo contrario, si creemos en la interpretación que de él hizo Daniel (Dan 2,34-35).

Nabucodonosor vio como, sin que mano ninguna la moviese, se desgajo del monte una piedra, la cual hirió la estatua en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzo... y la piedra que había herido a la estatua, se hizo una gran montaña, y lleno toda la tierra. Daniel interpreta esto como referido al Reino de Dios: un reino que nunca jamas será destruido y subsistirá eternamente (Da 2,44). Y, si este reino es grande, una montaña que lleno toda la tierra, ¿como podrá ser invisible o secreta? Y, si dura eternamente, ¿como podría haber desaparecido por espacio de mil anos? Es evidente que este pasaje se refiere a la Iglesia Militante; si se refiriese a la Iglesia Triunfante, llenaría el cielo y no solo la tierra, y tendría lugar al fin de los tiempos, como interpreta Daniel, y no en medio de otros reinos de este siglo. Lo que dice referente a la piedra que cayo de la montaña sin intervención humana, lo dice de la generación temporal de Nuestro Señor, concebido en el vientre de la Virgen María, de su propia substancia, no por obra humana, pero si solamente por intervención del Espíritu Santo.


Por consiguiente, o Daniel se engaño en su interpretación del sueno o se engañan los adversarios de la Iglesia Católica cuando dicen que la Iglesia es invisible, o esta escondida o abolida. Tened paciencia, en nombre de Dios: por orden y con brevedad mostraremos la inconsistencia de estas opiniones. Antes de todo, digamos qué es la Iglesia. Iglesia viene de la palabra griega que significa llamar; iglesia significa, pues, la asamblea o congregación de gente que ha sido llamada; sinagoga quiere decir, propiamente hablando, rebaño. La asamblea de los judíos se llamaba sinagoga, la de los cristianos se llama Iglesia, por cuanto que los judíos eran como un rebaño de ovejas, reunidos por el temor, al paso que los cristianos están congregados por la palabra de Dios, llamados continuamente en unión de caridad por la predicación de los Apóstoles y de sus sucesores.

De ella dijo San Agustín: "La Iglesia se denomina convocación, la sinagoga rebaño; porque ser convocado es propio de los hombres, así como ser reunidos en rebaño es propio de animales". Con razón se llamo al pueblo cristiano convocación o Iglesia, ya que el primer don que Dios hace al hombre para comunicarle su Gracia es llamarlo a la Iglesia; éste es el primer efecto de su predestinación: A éstos que ha predestinado, también los ha llamado (Rm 8,30), decía San Pablo a los romanos, y, en la Carta a los Colosenses: Y la paz de Cristo triunfe en vuestros corazones, a la cual fuisteis asimismo llamados para formar un solo cuerpo (Col 3,15). Ser llamado a un cuerpo es ser llamado en Iglesia, y en las semejanzas de la viña y del banquete con la Iglesia, que el Señor hace en el Evangelio de Mateo, a los trabajadores de la viña y a los invitados para el banquete los llama convocados y llamados: Muchos -dice- son los llamados, pero pocos los escogidos (Mt 20,16; 22,14).

Los atenienses llamaban "iglesia" a la convocación de los ciudadanos, aunque la reunión de los extranjeros fuese llamada "diaclesia"; por eso, la palabra Iglesia conviene a los cristianos de manera propia, ya que ya no son extraños ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios (Col 2; Ep 2,19). Si esta es la etimología de la palabra Iglesia, veamos cual puede ser su definición. La Iglesia es una santa (Ep 5,27) universidad o congregación general de hombres, unidos (Jn 11,52 Ep 4,4 cf. S.CiPr,) en la profesión de una misma fe cristiana, en la participación de los mismos sacramentos y sacrificio (1Co 10,16-21 He 7,11) y en la obediencia (Jn 10,16; 21,17) al mismo vicario y lugarteniente general en la tierra de Nuestro Señor Jesucristo y sucesor de San Pedro, y bajo la dirección (Ep 4,11-12) de los legítimos obispos. Antes de todo, dije que es una santa compañía o asamblea, ya que la santidad interior... Quiero hablar de la Iglesia militante, de la cual las Escrituras nos dejaron tantos testimonios, y no de la que proponen los hombres. Pues bien, no se encuentra en todas las Escrituras una sola vez en que se diga que la Iglesia sea invisible. Estas son las razones, simplemente explayadas:

1. Nuestro Maestro y Señor nos remite a la Iglesia en nuestros diferendos (Mt 18,16-17) ; San Pablo enseña a Timoteo como ha de conversarse en ella (1Tm 3,15), convoca a los presbiteros de la Iglesia de Mileto (Ac 20,17) y les recuerda que fueron instituidos por el Espíritu Santo para apacentar la Iglesia (Ac 20,28). El mismo es enviado por la Iglesia, juntamente con San Bernabé (Ac 15,3-4), es recibido por la Iglesia, confirma las Iglesias (Ac 15,41), instituye presbíteros y congrega la asamblea de la Iglesia (Ac 14,22/26), saluda a la Iglesia de Cesarea (Ac 18,22) e, inclusive, persiguió a la Iglesia (Ga 1,13). ¿Como podría entenderse todo esto de una Iglesia que fuese invisible? ¿Como se podría recurrir a ella para presentar las quejas, reunirla o gobernarla? Cuando la misma Iglesia enviaba a San Pablo, o lo recibía, o era saludada o perseguida, cuando él constituía presbíteros o los confirmaba, ¿acaso era solamente en figura, o de manera espiritual y solo por la fe? Pienso que no hay nadie que no vea claramente que se trataba de una Iglesia visible y perceptible. Y cuando escribía sus epístolas, ¿acaso se dirigía a una quimera invisible?

2. ¿Qué nos dirán de las profecías, que nos presentan una Iglesia no solamente visible, sino también clara, ilustre, manifiesta y magnifica? Píntanla como una reina con vestido bordado de oro, y engalanada con varios adornos (Salmo 45,10), como una montaña (Is 2,2 Mi 4,1-2), como un sol, como un plenilunio, como el arco iris, testigo fiel y cierto del favor de Dios a los hombres descendientes de Noé, que es lo que el salmo recuerda en nuestra traducción: Su trono resplandecerá para siempre en mi presencia, como el sol, y como la luna llena, y como testimonio fiel del cielo (Salmo 88,38; Cant 6,9 Gn 9,13).

Tocadla; venid, como humildes niños, echaros en los brazos de vuestra dulce madre; vedla, consideradla en todo su cuerpo, y veréis como es visible y bella, ya que una cosa espiritual e invisible, no tiene ni carne ni huesos, mientras que ella los tiene, como lo estáis viendo (Lc 24,38-39). Éstas son nuestras razones, validas para cualquier objeción; pero ellos tienen otros argumentos, que les parece sacar de las Escrituras, pero que fácilmente rebatiremos en seguida. En primer lugar, Nuestro Señor tenia en su humanidad dos partes, el cuerpo y el alma; del mismo modo, la Iglesia, su Esposa, tiene también dos partes: una interior, invisible, que es como si fuera su alma - la Fe, la Esperanza, la Caridad, la Gracia; otra exterior y visible, como el cuerpo- la profesión de la fe, los cánticos y loores, la predicación, los sacramentos, el Sacrificio. De esta forma, todo cuanto se hace en la Iglesia tiene su parte interior y su parte exterior: la oración es interior y exterior (1ª Cor 14,15) ; la fe llena el corazón de seguridad y la boca de confesión (Rm 10,9) ; la predicación se hace exteriormente por los hombres, pero hace falta la luz secreta del Padre Celestial, pues hace falta oírlo y aprender todo de El para poder llegar al Hijo (Jn 6,44-45).

En lo que respecta a los sacramentos, los signos son exteriores, pero la gracia es interior. ¿Quién no lo sabe? Tales son el interior y el exterior de la Iglesia. Lo mas hermoso esta dentro, pues lo de fuera no es tan excelente, como ya decía el Cantar de los Cantares: ¡Qué hermosa eres, amiga mía, qué hermosa eres! Como de paloma, así son tus ojos, además de lo que dentro se oculta... Miel y leche tienes debajo de la lengua (es decir, en tu corazón, o sea, en el interior); y es el olor de tus vestidos como olor de incienso (Cant 4,1-11).

Éste es el exterior. Y el salmista dice: La hija del rey avanza llena de esplendor (es el interior), de brocados de oro son sus vestidos; con ellos es llevada delante del rey (su exterior). En segundo lugar, hay que considerar que tanto del interior como del exterior de la Iglesia puede decirse que es espiritual, pero de manera distinta, porque el interior es espiritual puramente y por su propia naturaleza, al paso que el exterior es por naturaleza corporal. No obstante, como tiende y esta orientado al interior espiritual, llamaselo espiritual, como decía San Pablo (Gal 6,1) de los hombres que sometían su cuerpo al espíritu, aun cuando continuasen siendo corporales; y aunque una persona, por naturaleza, sea particular y privada, cuando realiza un oficio publico, como los jueces, ¿no toma el nombre de publica? Ahora bien, si se dijo que la ley evangélica fue grabada en nuestros corazones y no en tablas de piedra exterior, como dice Jeremías (Jer 31,33), debemos responder que en el interior de la Iglesia y en su corazón reside lo principal de su gloria, que no deja de irradiar hasta el exterior, y que la hace visible y reconocible; por eso, cuando se dice en el Evangelio que llego la hora en que los verdaderos adoradores adoraran el Padre en espíritu y verdad (Jn 4,23), con esto se nos enseña que lo principal es el interior, y que es vana toda la acción exterior que no esté dirigida al interior para espiritualizarse.

Así también, cuando San Pedro llama a la Iglesia casa espiritual (1ª Ped 2,5), es porque todo lo que parte de la Iglesia tiende a la vida espiritual, y su mayor gloria es interior, y también porque no se trata de una casa hecha de cal y arena, sino de una casa mística de piedras vivas, donde la caridad hace las veces de cimiento. El Evangelio dice que el Reino de Dios no ha de venir con muestras de aparato (Lc 17,20). El Reino de Dios es la Iglesia, y por consiguiente, la Iglesia no es visible. Nosotros respondemos: en aquel momento, el Reino de Dios era Jesucristo con su Gracia, o, si preferís, los discípulos de Cristo mientras el estuvo en el mundo. Por eso se dice: el Reino de Dios esta en medio de vosotros (Lc 17,21). Este Reino no apareció con el fausto y magnificencia humana que esperaban los judíos, y además, como dijimos, la joya mas preciosa de esta princesa esta escondida y no se puede ver. En cuanto a lo que San Pablo dice a los Hebreos (He 12,18-22), de que no os habéis acercado a una realidad sensible, como la del Sinaí, sino al monte Sión, a la celestial Jerusalén, no lo dice con el propósito de tornar invisible la Iglesia, pues San Pablo muestra en este pasaje que la Iglesia es mucho mas rica y magnifica que la sinagoga, y que no se trata de una montaña natural como la del Sinaí, sino mística, lo que no quiere decir que sea invisible; aparte de que hay razón para que habla de la Jerusalén Celestial, es decir, de la Iglesia Triunfante - por eso habla de la multitud de los ángeles- como si nos quisiese decir que en la Antigua Ley Dios fue visto en la montaña de manera terrible, y que la Nueva Ley nos conduce a verlo en su gloria, en lo alto del paraíso.

Finalmente, éste es el argumento que todos aseguran que es el mas fuerte: "Yo creo en la Santa Iglesia Católica". Si creo, es porque no la veo, porque es invisible. ¿Puede darse argumento más débil? ¿Los Apóstoles no creyeron en la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo? ¿Y no lo habían visto? El mismo Señor dice a Santo Tomas: "Tu has creído porque me has visto" (Jn 20,29). Y para hacerlo creyente, añade: Mete aquí tu dedo, y registra mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel (Jn 20,27). Notad bien que la visión no impide la fe, antes bien la produce. Ahora bien: lo que vio Santo Tomas fue una cosa, lo que creyó fue otra; vio un cuerpo y creyó en el espíritu y en la divinidad, porque no fue su visión, sino su fe que lo hizo exclamar: ¡mi Señor y mi Dios! (Jn 20,28). Asimismo, nosotros creemos en un solo Bautismo para la remisión de los pecados: se ve el Bautismo, mas no la remisión de los pecados. Así, vemos la Iglesia, mas no la santidad interior; se ven los ojos de paloma, mas no el interior, que se oculta atrás de ellos; se ve el vestido ricamente bordado de oro, pero el esplendor de su gloria, que esta dentro, nosotros lo creemos. En esta real Esposa hay de qué alimentar la visión interior y exterior, la fe y los sentidos, y todo para mayor gloria de su Divino Esposo.



2 comentarios:

MARISELA dijo...

Hola amigo: sigo tu blog desde hace tiempo y me encantan los artículos, por tu defensa de la fe y tu buen hacer, te he hecho un regalo de aprecio en mi blog, que puedes recoger si te apetece (sin compromisos). Ha sido otorgado con muy buen fin. Abrazos en Jesús y María.

Veni Domine Iesu dijo...

Hola querida hermana Marisela, gracias de nuevo por sus amables comentarios ire por el regalo y de paso para saludarle, Dios le guarde y le bendiga, y muhcas gracias...