martes, octubre 14, 2008

Dogmas Marianos.

Que es un dogma?


Un dogma es una verdad de fe definida, quiere decir que luego de muchos años de análisis y de consultas a teólogos, la Iglesia da por cierta una realidad que ha sido solemnemente definido por el magisterio de la Iglesia o propuesto como tal por la tradición invariable de la misma Iglesia. Negar algún dogma equivale a negar la misma fe, pues supone negar la autoridad de Dios, que lo ha revelado.


Maria madre de Dios.

Al decir que Maria es Madre de Dios se afirman dos verades;

1)- Maria es verdadera Madre.

2)- Maria es verdadera Madre de Dios.


Decir que María es verdadera Madre de Dios significa que Ella concibió y dio a luz a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Verbo, aunque no en cuanto a la naturaleza divi na, sino en cuanto a la naturaleza humana que había asumi do.


El Magisterio de la Iglesia

La enseñanza de la Iglesia es unánime e ininterrumpida sobre este punto fundamental del dogma católico.

a) Los Símbolos Apostólicos

En todos los Símbolos se afirma que Jesucristo nació de María Virgen. En el Credo confesamos nuestra fe diciendo: Jesucristo, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María Virgen, y se hizo hombre (cfr. Símbolos Apostólicos; Credo Niceno?Cons tantino-politano, etc.).

San Cirilo de Alejandría, expositor principal del Concilio de Efeso escribió: "Me extraña en gran manera que haya alguien que tenga duda alguna de si la Santísima Virgen ha de ser llamada Madre de Dios. En efecto, si nuestro Señor Jesucristo es Dios, ¿por qué razón la Santísima Virgen, que lo dio a luz, no ha de ser llamada Madre de Dios? Esta es la fe que nos trasmitieron los discípulos del Señor. Así nos lo han enseñado también los Santos Padres" (Carta 1,27?30).


La Sagrada Escritura

Es conveniente aclarar que la expresión Madre de Dios no aparece, como tal, en las Escrituras, pero sí sus equivalentes: Madre de Cristo, Madre de Jesús, Madre del Señor (cfr. Mt. 1,18; Jn. 19,25; Lc. 1,43; etc.).

a) El Antiguo Testamento

En el Antiguo Testamento aparece María como la mujer que será la Madre del Redentor, el Mesías prometido, en dos textos principalmente:

lo) Cuando Dios habla en el paraíso a la serpiente tenta dora: Gén. 3,15, texto que se conoce con el nombre de pro toevangelio: "Establezco enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia, El te aplastará la cabeza, y tú le acecharás su calcañar";

2o) Cuando Dios recuerda la promesa del Redentor en Is. 7,14: "El Señor mismo os dará por eso la señal: He aquí que una virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y será llamado Emmanuel".

b) El Nuevo Testamento

En el Nuevo Testamento aparece María como la mujer que concibe, da a luz y es Madre de Jesús.

Llegada “la plenitud de los tiempos" (Gál. 4,4) tiene lugar el cumplimiento de las profecías y se afirma su verdadera y propia maternidad:

Lc. 1,31 ss: "He aquí que concebirás en tu seno y parirás un hijo, a quien darás por nombre Jesús".

Lc. 1,35: "... lo que nacerá de ti será santo y será llamado ?Hijo de Dios".

Gál. 4,4: «... envió Dios a su Hijo, nacido de mujer".

Rom. 9,5: "Cristo, que es Dios, procede según la carne...", etc.

1 De los textos de la Sagrada Escritura se desprende clara mente que si uno y el mismo es el que fue engendrado por el Padre desde toda la eternidad y, en el tiempo, fue engendra do por la Virgen Madre, resulta que si ése es el Verbo de Dios, María es la Madre de Dios.

Lo que pertenece a Jesús, o se afirma de Él, pertenece a la Persona misma del Verbo, Hijo de Dios, o debe ser afirmado de Ella; así lo hace el Nuevo Testamento, por ejemplo: Jn. 1.14; Mt. 1,22 ss; Rom. 1,3; 9,5.., Gál. 4,4 ss.


La Sagrada Tradición

Los santos Padres durante los tres primeros siglos afirmaron esta realidad.

San Ireneo: "Este Cristo, que como Logos del Padre estaba "con el Padre... fue dado a luz por una Virgen".

San Hipólito: "El Verbo descendió del cielo a la Santísima Virgen para que, encarnado en Ella y hecho hombre en todo menos en el pecado, salvara a Adán, que había perecido".

A partir del siglo IV, después de la definición Conciliar, emplean ya el término griego teotókos (Madre de Dios), por ejemplo:

San Atanasio: "Por nosotros, tomada carne de la Virgen María, Madre de Dios, hízose hombre".

San Gregorio Nacianceno: "Si alguno no reconoce a Santa María como Madre de Dios, es que se halla separado de Dios".

San Bernardo escribe: ""El único nacimiento digno de Dios era el procedente de la Virgen; asimismo, la dignidad de la Virgen demandaba que quien naciere de ella no fuere otro que el mismo Dios. Por esto el Hacedor del hombre, al hacerse hom bre, naciendo de la raza humana, tuvo que elegir, mejor dicho, que formar para sí, entre todas, una madre tal cual Él sabía que había de serle conveniente y agradable" (Homilía sobre la Virgen Madre, 2 ).


Razones Teologicas;

Se dice que una mujer es madre de alguien cuando ha sido por ella concebido y engendrado. La mujer es madre de la persona, la cual es el término resultante de la concepción. La persona es el sujeto a quien compete la generación y el nacimiento. Nunca se dice que la naturaleza humana es en gendrada o nacida, sino el hombre, ni jamás se dice que la mujer es madre de alguna naturaleza, sino madre de tal o cual persona.

Lo que es engendrado y nacido de María Virgen es el Verbo de Dios en la naturaleza humana. Ella concibe y da a luz a la Persona del Hijo de Dios, que asume la naturaleza humana, y por tanto, es Dios y es Hombre. El término de la concepción no es una naturaleza humana abstracta, sino una persona con creta. En este caso no se trata de una persona humana, porque Cristo no subsiste por una sustancia creada, sino increada, luego la Persona es divina; como María es la Madre de la Persona, luego María es la Madre de Dios.

María genera a Cristo según la naturaleza humana, pero quien de Ella nace, es decir, el sujeto nacido, no es una naturaleza humana, sino el supuesto divino que la sustenta, o sea, el Verbo. De ahí que si el Hijo de María es propiamente el Verbo que subsiste en la naturaleza humana, María es verdadera Madre del Verbo, supuesto personal de ambas naturalezas, y, por tanto, María es Madre de Dios, puesto que el Verbo es Dios.

El hecho de que el Verbo con su divina naturaleza sea preexis tente a la Encarnación no presenta dificultad, pues engendrar no significa crear de la nada, sino educir a un supuesto vivien te en una naturaleza específicamente igual a la del generante.



Inmaculada Concepcion.

La inmaculada concepcion de María supone tres aspectos:

1. La ausencia de toda mancha de pecado;

2. La presencia de la gracia santificante con las virtudes infusas y dones del Espíritu Santo y,

3. La ausencia de inclinación al mal.


En la concepción de María, engendrada por sus padres, hay que distinguir la concepción activa, es decir la acción de engendrar por parte de San Joaquín y de Santa Ana, y la concepción pasiva, o sea, el resultado de la acción de engen drar o el ser mismo de María, fruto de esa acción. El dogma se refiere a la concepción pasiva, enseñando que desde el pri mer instante en que es constituida como persona, lo es sin mancha alguna de pecado.

Contrariamente a lo que afirmaban algunos teólogos en épo cas pasadas ?para salvar la universalidad del pecado origi nal?, que habiendo contraído el pecado estuvo sometida a él por un instante, para ser luego inmediatamente después santi ficada por Dios en el seno de su madre.


Inmune de toda mancha de culpa original

Es dogma de fe que el pecado original se transmite a todos los hombres por generación natural, de tal modo que todos son concebidos en pecado (cfr. Conc. de Trento: DZ 791). Ahora bien, como María fue inmune de la culpa, al ser concebida sin pecado, no tuvo esa culpa y, por ello, tampoco tenía las consecuencias de esa falta. Esto supone tres cosas: la) la ausencia de toda mancha de pecado; 2a) la presencia de la gracia santificante con las virtudes infusas y dones del Espíritu Santo y, 3a) la ausencia de inclinación al mal. Esta mala inclinación es llamada Fomes peccati.


Estos tres puntos se dieron en María:

lo) Ausencia de cualquier mancha de pecado. Ella fue inmune p al reato de la culpa y de la pena debidas al pecado original, en virtud de que nunca tuvo ese pecado;

2o) Llena de gracia santificante. Por lo anterior, al no tener pecado, el alma de María estuvo llena de la gracia santificante, desde el primer instante de su ser, y poseía las virtudes infu sas y los dones que acompañan ese estado de santidad;

3o) Ausencia de la inclinación al mal. El pecado, que consiste en la aversión a Dios y en el amor desordenado a las criaturas provoca la inclinación al mal. En María esto no se dio, puesto que jamás tuvo pecado alguno.


Por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente

La "Purísima Concepción" es un privilegio y don gratuito concedido sólo a la Virgen y no a ninguna otra criatura, en atención a que había sido predestinada para ser la Madre de Dios. Es un favor especial y extraordinario, ya que, según la ley, por su concepción dentro de la familia humana debería, haber incurrido en la contracción del pecado original para, luego, ser liberada como los demás hombres; pero esto no ocurrió, pues en Ella se realizó de modo distinto, como vere mos a continuación.


En previsión de los méritos de Cristo Jesús Salvador

Se dice en previsión de los méritos de Cristo porque a María la Redención se aplicó antes de la muerte del Señor. En cambio los justos del Antiguo Testamento esperaron el mo mento en que bajó al seno de Abraham luego de morir en la Cruz.

Además, se añade "por los méritos de Cristo" dado que la redención de la Virgen tuvo como causa meritoria la Pasión del Señor. En efecto, como Cristo es el único Mediador y Redentor universal del género humano, María como descen diente de Adán, recibe igual que todos los hombres la salva ción de Cristo, el único Salvador.


Preservada de la culpa original

Estamos aquí en el núcleo del dogma que indica la forma en que Dios tuvo a bien aplicar a María la Redención, y que se explica mediante ese concepto clave hallado por la teología en el siglo XIV.

Los antiinmaculistas se oponían a la doctrina de la concepción inmaculada de María debido a que ?decían? si la Redención de Cristo fue universal, por cuanto que todos habían pecado, luego todos debían ser redimidos. Si esto era así, no se veía el modo cómo alguien pudiera ser redimido sin haber contraído el pecado.

Juan Duns Scoto (1308), teólogo franciscano, introduce el término pre?redención y con ello consigue armonizar la verdad de que María se viera libre del pecado original, con la necesi dad que también Ella tenía de redención.

Génesis 3,15: «Establezco enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia, El te aplastará la cabeza, y tú le acecharás el calcañar".

El libro del Génesis expresa la enemistad de Cristo Re dentor, y la de María su Madre, contra el diablo. Esta enemis tad dará lugar a una batalla que va a concluir ?al final? con el triunfo total de parte de Cristo y, con Él, también por parte de María.

Cristo Redentor, con su Muerte y Resurrección, consiguió una victoria absoluta sobre el pecado. Este triunfo en los redimi dos empieza con María ?por su Inmaculada Concepción? y, luego, Ella, por Cristo y con Cristo, vence al diablo que por el pecado tiene el dominio sobre los hombres.

Lucas 1,28: "Dios te salve, llena de gracia".

Con estas palabras se expresa la ausencia de pecado en el alma de María y la plenitud de santidad, al estar llena de gra cia.

Las complacencias del Padre celestial se manifiestan en estas palabras de la Escritura: "Toda hermosa eres, amada mía, no hay defecto alguno en tí" (Cant. 4.7).

Lucas 1,42: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fru to de tu vientre".

Palabras dichas por Santa Isabel, movida por el Espíritu Santo, que sugieren que la bendición de Dios sobre María la .libra de todo pecado desde el comienzo de su existencia.


La Tradicion.

San Justino, Tertuliano, San Ireneo, etc. contraponen a Eva y a María; la una como causa de muerte, la otra como causa de vida y de salvación: Eva cerró las puertas del paraí so, María abrió las puertas del cielo.

San Efrén dice: "No existe en ti (en Cristo) ninguna falta y ninguna mancha en tu Madre. Los demás hijos de Dios no se acercan en modo alguno a esta belleza".

Desde el siglo IV, se comienza a hablar de un paralelismo entre Cristo y María, frente a Adán y Eva, que pone de mani fiesto el análogo nivel de santidad de Jesús y de su Madre, en virtud de la función redentora a la que1a Virgen María está íntimamente asociada como Madre del Redentor. Y en ese mismo siglo, San Ambrosio y otros Santos Padres ya comien zan a llamarla Purísima.

En el siglo VI, en el Misal gótico?galicano, en el prefacio de la fiesta de la Asunción, se dice: "María, ni sufrió herencia de pecado, ni corrupción en el sepulcro, libre de mancha, gloriosa en su generación...".

Desde el siglo VII se celebra en Oriente la fiesta de la Concepción.

El Concilio de Letrán (año 649) llama a María inmaculada (cfr. DZ. 256). Sixto IV, en el siglo XV, concedió indulgencias a la festividad de la Inmaculada y prohibió las mutuas censuras que se hacían entre sí los teólogos (cfr. DZ. 734).

El Concilio de Trento, al hablar del pecado original, excluye a la Santísima Virgen (cfr. DZ. 792). En 1567, Bayo es condenado por enseñar lo contrario (cfr. DZ. 1073) y en 1661 el Papa Alejandro VII afirma el privilegio diciendo que casi todos los católicos lo admiten aunque no haya sido definido como Dog ma (cfr. DZ. 1100).

Hay que decir también que muchas universidades pontificias exigían hacer juramento de defender dicho privilegio como condición para acceder a los grados académicos: París, Colo nia, Maguncia, Viena, Salamanca, Toledo, etc.


Santidad de Maria.

Hasta ahora hemos considerado, sobre todo, la ausencia ~ de pecado en la Santísima Virgen. Veremos en seguida: lo) la ausencia de pecado actual y, 2o) la plenitud de gracia santifi cante, tan perfecta y abundante, como convenía a la dignidad de la Madre de Dios; que es por ello, superior en santidad a los ángeles y a los bienaventurados en el Cielo.

El Papa Pío IX dice: "María (...) manifiesta tal plenitud de inocencia y santidad, que no se concibe en modo alguno ma yor después de Dios y nadie puede imaginar fuera de Dios" (Bula Ineffabilis Deus: DZ. 1641). Y así, la Iglesia exclama con gozo: "Más que tú, sólo Dios".


Exenta de toda falta actual, incluso venial

Como consecuencia de la radical ausencia de pecado hay que negar en María aún la menor imperfección moral.

En Ella nunca existió movimiento alguno desordenado de la concupiscencia: siempre tuvo la perfecta subordinación de la sensibilidad a la inteligencia y a la voluntad, y éstas a Dios. Sus juicios fueron siempre rectos y su voluntad estuvo siem pre en el bien verdadero. Por ello se le llama: Trono de la Sabiduría, Reina de los Doctores, Virgen Prudentísima, Madre del Buen Consejo, Madre del Amor Hermoso, Virgen Castísima ...

El Concilio de Trento enseña que el justo puede evitar cada uno de los pecados veniales en particular, pero no pue de evitarlos en su conjunto, a no ser por un privilegio como del que gozó la Virgen María (cfr. DZ. 833).

En el caso de Santa María la impecabilidad es debida por los siguientes motivos:

1°) Tener un altísimo grado de gracia habitual y de caridad, que inclina con mucha fuerza al alma hacia el amor de Dios, apartándola del pecado;

2°) La confirmación en gracia, que se realiza en la tierra mediante un gran aumento de caridad, acompañado de gra cias actuales eficaces que de hecho preservan del pecado y conducen a actos libres y meritorios;

3°) Una asistencia especial de la Providencia, que preser vaba todas sus facultades de una posible desviación moral.

Dice Santo Tomás: "A los que Dios elige para una misión determinada, los prepara y dispone convenientemente... Si María fue elegida para ser la Madre del Verbo... no sería idó nea si hubiera pecado alguna vez aunque fuera levemente" (S. Th. III, q.27, a.4) y esto por tres razones:

la) Porque el honor de los padres redunda en los hijos, luego, por contraste y oposición, la ignominia de la Madre hubiera redundado en el Hijo;

2a) Por su especialísima afinidad con Cristo, quien de Ella recibió su carne purísima;

3a) Porque el Hijo de Dios, que es la Sabiduría divina, habitó en María... y dice la Escritura: "en el alma maliciosa no entrará la sabiduría, ni morará en un cuerpo esclavo del pecado"(Sab. 1.4).


La plenitud de gracia en María

Leemos en la Sagrada Escritura que el Arcángel Gabriel la saluda diciendo: "Dios te salve, llena eres de gracia" (Lc. 1,28). Estas palabras manifiestan con toda claridad la santi dad completa del alma de María, en virtud de que son irre conciliables el pecado y la gracia, como lo son la luz y las tinieblas. Hemos visto en el número anterior que la Virgen Santísima además de no haber contraído el pecado original, tampoco tuvo durante su vida falta alguna incluso venial; por tanto, si en el alma se da la ausencia total de pecado, debe haber en ella la presencia total de gracia, como dice explícita mente la Escritura con las palabras del Arcángel.

"Dios te salve, llena de gracia. Y en verdad que es llena de gracia, porque a los demás se da con medida, pero en María se derramó al mismo tiempo toda la plenitud de la gracia. Ver­daderamente es llena de gracia aquella por la cual toda criatu ra fue inundada con la lluvia abundante del Espíritu Santo" (San Jerónimo, Sermón sobre la Asunción de la Virgen).

"No temas, María, porque hallaste gracia a los ojos de Dios ¿Cuánta gracia? Una gracia llena, una gracia singular ( ... ). Es tan singular como general, pues tú sola recibes más gracia que todas las demás criaturas. Es singular, por cuanto tú sola ha llaste esta plenitud; es general, porque de esa plenitud reciben todos" (San Bernardo, Homilía en la Asunción, 3).

Por otra parte, debemos tener presente que la gracia de María, como toda gracia, es una participación misteriosa en el hombre de la naturaleza divina (cfr. 2 Pe. 1,4). Por esta razón, dicha gracia, es una realidad creada y distinta de la Gracia increada que es Dios mismo. Además, al decir plenitud de gracia se afirma que Santa María, a lo largo de su vida y en cada momento de ella, estuvo siempre llena de gracia, la cual, no obstante, aumentó continuamente debido al mérito de sus obras.


María Santísima fue siempre Virgen

La virginidad de Santa María puede entenderse en un triple sentido:

1- Virginidad de mente, es decir, un constante propósito de virginidad, evitando todo aquello que repugna a la perfecta castidad. Este es el llamado aspecto espiritual o de entrega total a Dios.

2- Virginidad de los sentidos, o sea, la inmunidad de los impulsos desordenados de la concupiscencia. Este es el llamado aspecto moral.

3- Virginidad del cuerpo, esto es, la integridad física jamás violada por ningún contacto de varón.

El Dogma mariano del cual ahora tratamos se detiene a considerar, principalmente, la integridad corporal de Santa María, y así la Iglesia nos enseña que María Santísima:

- era virgen al concebir a Nuestro Señor (antes del parto);

- fue virgen al dar a luz al Señor (en el parto)

- permaneció virgen después del nacimiento de Cristo (después del parto).


El Magisterio de la Iglesia

a) En todos los Símbolos Apostólicos se declara la Fe cuando se dice: "Creo en Jesucristo... que nació de Santa María Virgen, por obra del Espíritu Santo" (cfr. DZ.4,5,6,7,19,282).

b) Los Concilios y declaraciones pontificias expresan con unanimidad esta verdad. Por ejemplo:

- Concilio de Letrán (año 649) (cfr. DZ.256);

- Pablo IV (año 1555): Const. Cum quorundam,(cfr. DZ. 993);

- Pablo VI (año 1968): Credo del Pueblo de Dios;

- Concilio Vaticano II: Const. dogm. Lumen gentium, n.63.

Del Magisterio multisecular se puede confrontar: DZ. 20,91, 113, 143 s, 201, 214, 255, 190, 344, 429, 462, 708, 735, 1314, 1462, etc.


La Sagrada Tradición

San Ireneo: “Era necesario que en la restauración de Adán por Cristo... la desobediencia virginal de Eva fuese desvirtua da y suprimida por la obediencia virginal de María".

San Jerónimo: "Cristo virgen y María virgen consagraron los principios de la virginidad en ambos sexos".

San Agustín: "Si con el nacimiento de Jesús se hubiera corrompido la integridad de la madre, no habría nacido de una virgen y, por tanto, toda la Iglesia profesaría falsamente que había nacido de una virgen"

San Efrén: Entró y habitó secretamente en el seno; salien do después del seno, no rompe el sello virginal"

"Cuando el hedonismo, la sensualidad y la exaltación inmo derada del sexo amenazan con inundar y asfixiar a la humani dad, el Señor nos revela su estima y aprecio divino de la pureza, uniendo milagrosamente en su Madre el gozo de la maternidad y el honor de la virginidad" (Pío XII).


Contenido del dogma;

La virginidad perpetua de María es un milagro obrado por Dios y un privilegio concedido e íntimamente ligado al de la maternidad divina.

Este dogma mariano se explicita en tres grandes momen tos: antes, en y después del parto, los cuales veremos a conti nuación.


La Virginidad antes del parto

Esto significa que María antes de concebir a Jesús no tuvo ningún comercio carnal humano y, además, que concibió al Señor milagrosamente, esto es, sin concurso de varón. La ac ción del germen viril fue suplida milagrosamente por Dios, "por obra del Espíritu Santo".

a) La Sagrada Escritura

Isaías 7,14: "La virgen concebirá y dará a luz un hijo";

Lucas 1,26, "el Angel Gabriel fue enviado por Dios a una virgen, y el nombre de la virgen era María";

Lucas 1,34?36: "¿Cómo será esto, pues no conozco varón? El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra";

Mateo 1,20: "José... no temas recibir a María, porque lo concebido en Ella es obra del Espíritu Santo";

Mateo 1,16 y 18?25: "... Jacob engendró a José"; al citar la secuencia de las genealogías lo lógico sería continuar con esa secuencia diciendo: José engendró a Jesús, en cambio se dice: ",... María, de la cual nació Jesús". Por eso dice después: Lc . 3,2 3: "... hijo, según se creía de José".


b) Razones de conveniencia

Santo Tomás dice:

1°) Conviene que el que es Hijo natural de Dios no tenga padre en la tierra, que tenga un único padre en el cielo para que la dignidad de Dios no se comunique a otro.

2°) El Verbo, que fue concebido eternamente en la más alta pureza espiritual, debió también ser concebido virginal mente cuando se hizo carne.

3°) Para que la naturaleza humana del Salvador estuviese exenta del pecado original, convenía que no fuese concebido por vía seminal, sino por concepción virginal. Lo contrario sería un absurdo, esto es, que Cristo tuviese necesidad de ser redimido. Se hizo igual en todo a nosotros, menos en el peca do (cfr. Heb. 4,15).

4°) Al nacer según la carne de una virgen, Cristo nos indicaba que los miembros de su Cuerpo Místico debían na cer, según el espíritu, de la Iglesia virginal (cfr. Jn. 1,13; S.Th. III, q.28, a.1).


La Virginidad en el parto

Esto significa que María dio a luz a su Hijo primogénito sin menoscabo de su integridad corporal y, además, que su parto fue sin dolor alguno. A Ella no le alcanzó el castigo que Eva recibió: "parirás a tus hijos con dolor" (Gén. 3,16). El parto, en consecuencia, fue milagroso y de carácter extraordi nario.

a) La Sagrada Escritura

Lucas 2,7: "Y dio a luz a su Hijo primogénito y lo envol vió en pañales, y lo reclinó en un pesebre, porque en el mesón no había lugar para ellos".

Este pasaje lo explica San Pío X, en su Catecismo, de esta manera: el alumbramiento del Señor fue semejante a "como un rayo de sol atraviesa el cristal sin romperlo ni mancharlo".

b) Razones de conveniencia

Santo Tomás de Aquino se expresa de este modo:

1°) El Verbo, que fue ciertamente concebido y que proce de del Padre sin ninguna corrupción, debía al hacerse carne nacer de una Madre virgen conservándole su virginidad.

2°) El que vino para evitar toda corrupción, al nacer no debía destruir la virginidad de aquella que le dio la vida.

3°) El que nos ordena honrar padre y madre se obligaba a sí mismo a no disminuir, al nacer, el honor de su santa Madre (cfr. S.Th. III, q.28, a.2).


La Virginidad después del parto

Esto significa que María, después de dar a luz a su Hijo primogénito, virginalmente, permaneció siempre virgen has ta el final de sus días en la tierra, sin tener contacto alguno de varon y, en consecuencia, sin engendrar otros hijos.

a) La Sagrada Escritura

Lucas 1,34: "¿ ... pues no conozco varón?". Estas palabras indican la resolución de María, opinión común, que había hecho voto perpetuo de virginidad; lo cual significa que acep ta la concepción virginal de Cristo ?por obra del Espíritu Santo? y reafirma su deseo de permanecer siempre virgen.

Mateo 1,25: "Y no la conoció hasta que dio a luz un hijo, al cual le puso por nombre Jesús". Las palabras de este versí culo: "Y no la conoció hasta que dio a Luz..." han inducido a algunos a interpretarlas en el sentido que después del naci miento de Jesús, entre la Virgen María y San José, hubo rela ciones maritales. Al respecto debe tenerse en cuenta que en un sentido bíblico la partícula "hasta que" ( donec ), pretende resaltar lo que ya ha ocurrido hasta ese momento: la concep ción virginal de Jesús. Esta misma partícula se encuentra en Jn. 9,18 donde dice que los fariseos no creyeron en el milagro de la curación del ciego de nacimiento ?"hasta que"? ( do nec ) llamaron a los padres de éste; sin embargo, tampoco creyeron después. Por tanto, la partícula (hasta que) prescinde de la situación posterior.

La Iglesia ha enseñado siempre la perpetua virginidad de María. Cfr. las declaraciones del Magisterio en este capítulo y los comentarios al pasaje de la Anunciación en el capítulo 3 y, en particular, lo dicho en el v. 34 de ese mismo pasaje.

Juan 19,26: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". Esto no hubiera ocurrido, no sería lógico, si María tuviera otros hijos que pu dieran cuidar de Ella.


b) Razones de conveniencia

Dice Santo Tomás:

1°) El que desde toda la eternidad es Hijo único del Padre, conviene que sea en el tiempo el Hijo único de María.

2°) Sería una ofensa al Espíritu Santo, el cual santificó para siempre el seno virginal de María.

3°) Si la dignidad de ser Madre de Dios supuso la virgini dad antes y en el parto, esa misma dignidad sigue exigiendo tal virginidad después del parto (cfr. S.Th . III, q.28, a.3).

María Santísima es la pureza personificada, el ideal viviente de la virginidad. Por ello, escribe el Santo Cura de Ars: "Debe mos profesar una ferviente devoción a la Santísima Virgen, si queremos conservar esta hermosa virtud; de la cual no nos ha de caber duda alguna, si consideramos que Ella es la reina, el modelo y la patrona de las vírgenes..." (Sermón sobre la pureza).


La Virgen María fue Asunta al Cielo en Cuerpo y Alma.

De la definición pontificia conviene destacar dos aspectos importantes:

1° Que la Asunción de María ocurre inmediatamente después del término de su vida mortal y,

2° se hace hincapié en la glorificación de su cuerpo más que en la gloria de su alma, como se explicará a continuación.


Cumplido el curso de su vida terrena

La Asunción de María ocurre inmediatamente después del término de su vida mortal, así pues, para entender correctamente esta frase hay que considerar las siguientes cuestiones:

a) el significado de la fórmula;

b) la intención del Papa al usar dicha fórmula y no otra y,

c) las posibles conclusiones.

a) La fórmula significa que la Asunción de María no hay que aplazarla hasta el final de los tiempos, como sucederá con todos los hombres, sino como hecho que ya ocurrió; y, además que el cuerpo santísimo de la Virgen no sufrió descomposición alguna, como ocurre con los cadáveres.

b) El Papa quiso prescindir de la cuestión de la muerte de María en la fórmula definitoria, y por ello la expresión utilizada es igualmente válida, tanto si se entiende que la Virgen murió al final de su vida terrena, cuanto si se piensa en la glorificación del cuerpo mediante la donación de la inmortalidad gloriosa sin pasar por la muerte.

c) En la Bula aparece repetidas veces el tema de la muerte de María, pero ello ?estudiado bien el texto? no favorece ni niega la postura contraria. Hay que decir, en resumen, que aún no se ha llegado a una solución definitiva sobre este punto.


La glorificación celeste del cuerpo de Santa María

Este es el elemento esencial del dogma de la Asunción. Enseña que la Virgen, al término de su vida en este mundo, fue llevada al cielo en cuerpo y alma, con todas las cualidades y dotes propias del alma de los bienaventurados e igualmente con todas las cualidades propias de los cuerpos gloriosos. Se trata, pues, de la glorificación de María, en su alma y en su cuerpo, tanto si la incorruptibilidad y la inmortalidad le hubieren sobrevenido sin una muerte previa como si le hubiesen sobrevenido después de la muerte mediante la resurrección.

Una vez visto el contenido del dogma, con más fuerza y claridad se aprecia el hincapié que se hace sobre la glorificación corporal de María - más que la de su alma- , si tenemos en cuenta lo siguiente:

a) María estuvo exenta de todo pecado: del original y del actual;

b) tuvo la plenitud de gracia y santidad correspondientes a su condición y dignidad de ser la Madre de Dios;

c) el premio o castigo del alma ?para todo hombre? es inmediato a la muerte.

Por consiguiente, resulta sencillo entender que el premio del alma de María ?por su excelsa santidad? estaba ya decidido, esto es, su glorificación; por ello, resultaría supérflua la definición si no tratara sobre todo de la glorificación inmediata del cuerpo, que es en lo que consiste el privilegio de la Asunción.

Escribía Pablo VI: "Nuestra aspiración a la vida eterna parece cobrar alas y remontarse a cimas maravillosas, al reflexionar que nuestra Madre celeste está allá arriba, nos ve y nos contempla con su mirada llena de ternura" (Discurso, 15?VIII 1963).

El Concilio Vaticano II se expresa de modo semejante cuando dice: “1a Madre de Jesús, de la misma manera que, glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, es imagen y principio de la Iglesia que habrá de tener su cumplimiento en la vida futura, así en la tierra precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo, hasta que llegue el día del Señor" (Const. dogm. Lumen gentium, n.68; cfr. Sacrosanctum Concilium, n.103).


Razones de este dogma.

La definición pontificia sobre la Asunción de María estuvo precedida, desde muchos siglos atrás, de múltiples razones teológicas y testimonios que llevaron - en su momento - a la feliz proclamación de este dogma mariano. Las principales razones fueron las siguientes.


La creencia universal de la Iglesia

Desde los primeros siglos hasta nuestros días, la unanimidad de la fe del pueblo cristiano, quedó de manifiesto con la respuesta unánime y afirmativa de todos los obispos del mundo -que a su vez representaba al pueblo fiel de todo el orbe-, a la consulta que sobre la definibilidad de la Asunción de María hiciera el Papa Pío XII en el año de 1949 (cfr. DZ. 2332).


El testimonio de los Padres

La Tradición de la Iglesia, expresada en sus Padres y Doctores, pone de manifiesto su intuición y su fe en esta ver dad, la cual se refleja ejemplarmente en los autores que enseguida se citan.

San Juan Damasceno, en el siglo VII, escribe: "convenía que aquella que en el parto había conservado íntegra su virginidad, conservase sin ninguna corrupción su cuerpo después de la muerte; convenía que aquella que había llevado en su seno al Creador, hecho niño, habitara en la morada celeste; convenía que la Esposa de Dios entrara en la casa celestial; convenía que aquella que había visto a su Hijo en la Cruz, recibiendo así en su corazón el dolor de que había estado libre en el parto, lo contemplase sentado a la diestra del Pa dre; convenía que la Madre de Dios poseyera lo que corresponde a su hijo y que fuera honrada como Madre y esclava de Dios por todas las criaturas (Homilía en la dormición de la Virgen: PG 96,742).

San Germán de Costantinopla, del siglo VII: "Así como un hijo busca y desea estar con la propia madre, y la madre ansía vivir con el hijo, así fue justo también que Tú, que amabas con un corazón materno a tu Hijo y Dios, volvieses a Él. Y fue también muy conveniente que Dios, que te amaba como Madre suya, te hiciere partícipe de la comunidad de vida con Él mismo. De esta forma, Tú, habiendo sufrido la pérdida de la vida, propia de las cosas caducas, has emigrado a las mora das que durarán por los siglos, allí donde mora Dios, junto al que Tú vives, oh Madre de Dios, sin separarte de su compañía" (Homilia in Dormitionem B.V. Mariae).

Recogiendo la doctrina de sus predecesores, Juan Duns Scoto, en el siglo XIV, podía afirmar: "Convenía, Dios podía hacerlo, luego lo hizo" (In III sententiarum, dist. III, q.1; cfr. DZ. 2331).


Los grandes privilegios marianos

El fundamento del dogma de la Asunción de María se desprende y es consecuencia de los anteriores dogmas marianos. En efecto, si por la plena asociación de María a la persona y a la obra de su Hijo se debió su redención anticipada; por esa misma razón, convenía también su glorificación anticipada, su asunción corporal, como veremos enseguida.

a) Por su Inmaculada Concepción

Puesto que María - por su Inmaculada Concepción - estuvo exenta de todo pecado, no quedaba sujeta a la ley de padecer la corrupción del sepulcro - castigo del pecado - ni, por consiguiente, tampoco tenía necesidad de esperar la redención de su cuerpo hasta el fin del mundo.

Si la resurrección es el triunfo y el trofeo de la Redención, a una redención preventiva y anticipada, como ocurrió en María, corresponderá también una anticipada resurrección. Por ello, primicias de la redención de Cristo en el alma de María fueron su preservación del pecado y la plenitud de gracia, y primicias, de la redención en su cuerpo fueron su incorruptibilidad y su anticipada glorificación.

b) Por su divina Maternidad

Si Adán y Eva introdujeron en el mundo la muerte del alma, que es el pecado y, con él también la muerte del cuerpo, que es la corrupción; Cristo, por el contrario, introduce la vida del alma ?que es la gracia?, y la inmortalidad del cuerpo por medio de la resurrección. Por estas dos consideraciones, María que es Madre de Cristo y Madre de los hombres, es lógico que la que es causa de vida y antídoto contra la muerte, Ella, no permanezca en el sepulcro presa de la misma muerte.

Así pues, dado que nuestro Redentor es hijo de María, su glorificación anticipada parece ser exigida: Cristo que pu diendo dar a su Madre tanto honor y tanta gloria, necesariamente lo hizo.

"No era tampoco admisible que Tú, Vaso que contuvo a Dios, fueses disuelta en el polvo de la corrupción, que destruye todos los cuerpos... Era necesario que la Madre de la Vida cohabitase con la Vida y recibiese la muerte como un sueño y, en tanto que Madre de la Vida, fuese su traslado como el despertar" (San Germán de Constantinopla, Homilia in Dormitionem B.V. Mariae).

c) Por su perpetua virginidad

Finalmente la virginidad perpetua de María, nos conduce a la conveniencia de su incorruptibilidad. Cuando pensamos en el cuerpo santísimo de María, tan divinamente poseído de Dios, no se concibe que sea presa de la corrupción; por ello puede afirmarse que su misma virginidad exige los esplendores de la glorificación corporal.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Oye que es esto? Que malas son tus interpretaciones .... Sal a la luz !!!
Cristo te puede liberar

Anónimo dijo...

K PENA ME DA TODO LO QUE DICES Y MAS PENA QUE LA POBRE GENTE SE LA CREE EN VERDAD TE DIGO HERMANO QUE SI MARIA ESTUBIERA AQUI EN LA TIERRA NO PERMITIRIA QUE LE PUSIERAN ESE TITULO "MADRE DE DIOS"
PORQUE NADIE ESTA POR ENCIMA DEL TODO PODEROSO,HUBO UN ANGEL (LUZBEL) CONCENTIDO DE DIOS QUE QUISO ESTAR POR ENCIMA DE EL Y FUE EXPULSADO EN LAS TINIEBLAS CREES QUE MARIA HARIA LO MISMO,LOS INVITO A REFLEXIONAR NO SE NECESITA MUCHA SABIDURIA PARA ESTO SOLO UN POCO DE SENTIDO COMUN

Anónimo dijo...

"Anonimo", hablas del sentido común. Pues el sentido comun dice que si la Santisima Virgen, PARIO A DIOS, es su madre. Maria es Madre de Dios, pq es Madre de la Segunda Persona de la Santisima Trinidad, pq realmente parió al verbo encarnado. Negar la maternidad dividina de Maria es negar las naturalezas de Cristo.